Cuatro sentenciados por asesinato de extranjera en c…
La negociación entre el Gobierno y los indígenas con…
Tránsito colapsó por acto de protesta de gremios de …
Cuenca está sitiada y sin provisiones por el paro
La producción petrolera, a punto de parar por las protestas
Alerta en el país por el abandono del esquema de vac…
Tres factores afectan la producción de cebolla
Cada uno está en su ‘trip’

Un complejo que gira en torno a la arcilla

María Tránsito Carlosama ha perfeccionado su técnica.

María Tránsito Carlosama ha perfeccionado su técnica.

Malta Wasi Art, en la comunidad de La Rinconada, en Ibarra (Imbabura), ha empezado a atraer a turistas. La mayoría llega atraída por conocer la técnica alfarera de esta zona. Fotos: Álvaro Pineda para EL COMERCIO

Al igual que su madre y su abuela, Jhonny Chuquín aprendió a modelar el barro para dar forma a platos y vasijas decorativas para el hogar.
Su objetivo es conservar la cultura del pueblo Karanki, enfocada en la alfarería. Por eso, en la comuna La Rinconada, ubicada al suroriente de Ibarra, abrió el denominado Museo Malta Wasi Art, en noviembre pasado.

Su nombre rememora a las antiguas vasijas que terminan en punta, que eran utilizadas para fermentar la chicha de maíz, asegura Chuquín. Este proyecto lo desarrolló en los últimos dos años. La primera construcción que hizo es una cabaña en donde funciona un comedor, una cocina con un fogón de leña y una tienda, en donde se comercian las piezas de arcilla.

María Tránsito Carlosama ha perfeccionado su técnica.

Para su edificación se empleó adobe para levantar paredes y las columnas de madera de ciprés y pino. El zócalo fue construido con piedras del río y el techo está protegido con paja traída del páramo vecino conocido como Fuito Loma.

Para poder cortar las fibras solicitaron permiso a las autoridades de La Rinconada, que es la encargada de preservar ese ecosistema que alimenta a las fuentes hídricas de esta parcialidad.

Antiguas piedras de moler son exhibidas en este sitio.

Chuquín, quien diseñó y construyó el sitio, explica que prefirió utilizar materiales de la zona para darle un ambiente rústico y que conjugue con el entorno rural. Frente a la cabaña principal hay una pequeña estructura circular, similar a las antiguas chozas. En este sitio se implementó el taller de alfarería.

A diferencia de la anterior, las paredes fueron hechas con cortezas de árboles de eucalipto, a las que se denominan hampas. El piso es de tierra y está cubierto de paja.
En el centro de esta edificación hay una piedra plana a la que llaman hatun rumi (piedra grande) y sobre la que se amasa la tierra húmeda, que se transforma en artículos utilitarios.

La edificación que parece transportar al pasado seduce a los visitantes, especialmente de Quito e Ibarra, que pueden manipular la arcilla, como lo hacen los expertos artesanos de la zona.

El barro con el que se elaboran las casas y las vasijas provienen de las minas del antiguo sendero que conduce al cerro Gallo Rumi. De acuerdo a María Tránsito Carlosama, madre de Chuquín, la mezcla ideal se realiza con tres variedades de tierra. Esa mixtura permite que las piezas no se rompan cuando son fundidas al fugo.

La cabaña de adobe y techo de paja es el eje del plan.

En el taller hay estanterías de madera en las que se exhiben las vasijas recién creadas. Algunas están inspiradas en elementos como las tolas, que identificaron a los antiguos karankis 1250 al 1550 d.C.

Antes de que sean horneadas las piezas se secan bajo sombra, entre 15 y 20 días, hasta que tomen un color café. Después se las expone al sol para un mejor desecado.
Luego, a los artículos elaborados se les hornea para darles consistencia. Con maderos y arbustos, en el patio del establecimiento, se arma una especie de estructura en cuyo interior se colocan estas piezas artesanales.

Su color rojizo y su aspecto rústico, comenta Carlosama, garantiza que en su elaboración no se emplea ni torno ni colorantes.
Entre los ornamentos del Museo Malta Wasi Art también resaltan utensilios antiguos de labranza y del hogar. Uno de estos últimos son piedras rectangulares en las que antes se molía el trigo, la cebada, el maíz, entre otros.

Los platos tienen diseños inspirados en la cultura local.

El lugar también está equipado con un horno de leña, para la preparación de platillos y de pan. Una de las recientes implementaciones son unas chozas sin paredes, destinadas para el área de camping.

Jhonny Chuquín considera que este proyecto le ha permitido revalorizar el oficio que les permitió subsistir a su madre y abuela. Antes, las mujeres intercambiaban las vasijas con alimentos.

Recuerda que el actual proyecto empezó poco antes de graduarse del colegio.
Estudió la especialidad de Contabilidad. Como trabajo de tesis propuso crear este museo. Ahora dejó el oficio de albañil para impulsar esta iniciativa familiar.