La vida útil de un calefón a gas es de 15 años, en promedio. Mientras, la del eléctrico es de cinco. Foto. Vicente Costales/ CONSTRUIR

La vida útil de un calefón a gas es de 15 años, en promedio. Mientras, la del eléctrico es de cinco. Foto. Vicente Costales/ CONSTRUIR

Sábado 07 de diciembre 2019

La capacidad y el costo diferencian a los calefones

Redacción Construir (I)
construir@elcomercio.com

Los calefones son los sistemas de climatización de agua más comunes en el país. El de gas es el preferido, por su capacidad y abastecimiento frente al eléctrico, que aún no logra posicionarse en el mercado.

El arquitecto Mauro Cepeda señala que pese a que se están desarrollando sistemas eficientes y con bajos niveles de contaminación, aún se prefiere el calefón a gas.

Ocurre porque su instalación es sencilla y el costo mensual es mucho menor, debido al subsidio que existe en el país; pero puede ser más riesgoso si se incumplen las normas de instalación y no se usan productos garantizados.

Gabriela Camacho, de la empresa La Casa del Calefón, señala que el eléctrico es el menos comercial pese a que es más económico; bordea entre los USD 140 y los 200.
Una de las razones es que el costo de energía eléctrica en el país aún es alto.

Según Camacho, el costo de consumo es de USD 5 mensuales por persona. Por ejemplo, una familia de cuatro miembros tendrá que pagar USD 20. Además, debe instalarse cerca al baño o a la ducha principal. “A una distancia de 10 metros, por ejemplo, ya no sería eficiente”. El de gas, en cambio, tiene diversas capacidades.

El estándar para una vivienda de cuatro personas es de 20 a 26 litros, para lo cual se requiere de un cilindro de gas al mes. El costo de un calefón a gas oscila entre los USD 200 y 500.

Por otro lado, el calefón eléctrico suele ser más pequeño. Su dimensión promedio es de 24x22 centímetros y por ello su capacidad es menor. Por lo general, el que se comercializa en el mercado es de 8 litros.

En cuanto al funcionamiento, el calefón eléctrico tiene una resistencia eléctrica en su interior, la cual se encarga de calentar el agua. La ventaja es que la temperatura del agua se mantiene estable y al abrir el grifo el agua sale caliente de inmediato, lo que no suele suceder con el calefón a gas.

Este último funciona con un serpentín de agua que pasa por encima de una retahíla de fogones que se encargan de calentarla. El fuego se enciende únicamente cuando se abre la llave del agua caliente, así esta empieza a circular. Su mayor desventaja es que, aunque se puede regular la potencia del fuego manualmente, una vez fijada, esta no varía sea cual sea el caudal y la temperatura del agua que llega de la red.

Por esta razón, la temperatura a la que llega dependerá del frío que haga en el exterior y también de si se abre más o menos el grifo. Con esta alternativa, la temperatura del líquido también se verá afectada si otra persona tira de la cadena del sanitario, por ejemplo.

Elegir un tipo de calefón dependerá de la capacidad que se requiera, es decir, según el uso de agua que se planifique. Por ejemplo, si solo se requiere agua caliente para la ducha y lavabo, se necesitará un calefón más pequeño. En cambio, si tiene un lavavajillas, lavadora, bañera y otros, necesitará mayor capacidad.

Los especialistas concuerdan en que la forma más eficiente y sostenible de tener agua caliente es con energías limpias, como el colector solar.

Es importante que la instalación de estos sistemas esté a cargo de profesionales, ya que si se opta por un calefón a gas necesitará ubicarse en un lugar adecuado para la evacuación de gases y evitar accidentes. El mantenimiento -una vez al año- es clave para su funcionamiento. Asimismo, es necesario contar con los repuestos garantizados.