Tiempo de enmendar

Cuando se posesionó José Valencia como canciller del Ecuador -hace ya casi dos años- los ecuatorianos lo celebramos como una muy buena noticia. Tras una década, Ecuador tendría un Canciller con experiencia para rencauzar la política exterior y la reputación perdida del país. Y, lo más importante, la promesa tácita de devolver la institucionalidad perdida a una de las pocas islas de eficiencia burocrática en el Ecuador, pues venía de la carrera diplomática.

Acuerdos vitales

No sé quién empezó a circular la idea de que el Ecuador no sólo está enfrentando una pandemia de salud, sino también una pandemia de corrupción. Ojalá fuera sólo un oxímoron, pero va más allá. La existencia misma de corrupción –por mínima que sea- en medio de una pandemia global es el síntoma más evidente de que el tejido social ha perdido su más elemental principio: el respeto. Respeto por la vida de los demás y por la solidaridad mínima que debemos tener con los seres humanos que nos circundan. La ética del respeto por la vida, por la salud, debería ser inapelable, inalienable, irrenunciable. Y sin embargo aquí estamos como sociedad, viendo desfilar desde asambleístas y asesores que “manejan hospitales”, hasta bolsas de cadáveres y kits alimenticios con sobreprecio; viendo a un Gobierno que sigue usando el Estado para recompensar aliados sin mérito con cargos políticos innecesarios, mientras falta dinero para garantizar la salud en hospitales urbanos y rurales.

¡Ah! El Estado

Agustina Giraudy, Sara Niedzwiecki y Jennifer Pribble acaban de escribir un artículo oportuno de política comparada, explicando porqué los estados fueron eficientes o no-eficientes conteniendo el covid-19. Comparan nada más México, Brasil y Argentina, pero las conclusiones bien pueden trasladarse al caso ecuatoriano. La premisa fundamental es la existencia o no de instituciones. Independientemente de la ideología política del gobernante o su carácter, las diferencias radican en cuán denso o arraigado era el Estado antes de la crisis. Lo importante del debate es cuán capaces han sido estos países de ayudar a las más vulnerables. La conclusión es que Argentina y Brasil pasaron el mejor paquete de compensación social, incluso para subempleados, porque sus estados de bienestar son los más desarrollados de América Latina junto al Uruguay, desde los años 30s. Este mismo debate sobre el Estado ha reflotado en las últimas semanas en el Ecuador y con fuerza. Se habla del papel del Estado, a vec

Una economía coordinada

El Ecuador está atravesando tal vez la peor crisis de su historia. Esta vez no le caerá sólo una gran recesión, sino tal vez una depresión económica de terribles consecuencias para toda la población, pero más dura para los más pobres y vulnerables. Y no hay cómo empezar a reconstruir el país, porque todavía el país está en confinamiento tratando de contener una epidemia. Esto es diferente, realmente grave y que será difícil salir sin que todos arrimen el hombro y contribuyan según sus posibilidades. Pero desde el líder de la oposición y tal vez candidato presidencial, Jaime Nebot, hasta el último de los expertos en todo, siempre tienen otra idea de qué es lo que se debe hacer y qué no. Cierto es que el liderazgo en el Gobierno es escaso y deja mucho que desear a la hora de comunicar bien cuál es el camino, los costos, los sacrificios… Parafraseando a un gran amigo, nos faltan un Churchill, un Roosevelt, un Deng Xiaoping. Somos lo que somos. Habrá tiempo en el futuro para ajustar cuenta

Primeras lecciones

Esta es la primera vez que el mundo vive una pandemia global. La última que recordamos es la gripe española y, ésta no llegó a tener alcance global, en gran medida porque la globalización no existía y la trasmisión se redujo a Europa y los países de Europa que participaron en la Primera Guerra Mundial. Así que necesitamos tomar algo de aire, perspectiva frente a lo que enfrentamos. No habrá soluciones simples, ni poco dolorosas. Y las soluciones tendrán necesariamente ser también globales, so pena de volver a una segunda ola de contagio.

Solidaridad y calma

Casi todos mis colegas columnistas estarán hablando o del virus o de la crisis. Y quién podría pensar en otra cosa, cuando cualquier idea que teníamos sobre el apocalipsis parece estarse convirtiendo en realidad. Quiero ayudar poniendo las cosas en perspectiva y tratar de cambiar los ánimos de angustia, o peor aún de pánico que muchos pueden estar experimentando en el Ecuador. Creo que debemos tomarlo como una lección: como humanidad debemos aprender a organizarnos, a tener perspectiva, a ser mesurados y a la vez solidarios con las finanzas públicas y privadas porque nunca sabemos cuándo tendremos una crisis ad portas, ya sea una pandemia o una catástrofe natural de similares o peores proporciones. Saldremos.

No mucho que celebrar

No siempre tengo la suerte de que mi columna salga precisamente el 8 de marzo, Día de la Mujer. El año pasado escribí sobre la buena noticia de la renovación del feminismo nacional y sobre todo de la lucha de décadas de mujeres como Virginia Gómez de la Torre, Rocío Rosero, Dolores Padilla, Berenice Cordero. Pero siempre olvidamos a otras pioneras que jamás se pondrían el título de feministas, ni aceptarían siquiera reconocimiento alguno. Como decía la gran teórica de las Relaciones Internacionales, Susan Strange, “las mujeres deben dejar de quejarse y volver a trabajar.” Strange quería que la juzguen por ser el mejor ser humano en su área, sin adjetivos ni títulos de género. Mi primer encuentro con esta visión fue Guadalupe Mantilla de Acquaviva. Ella que enfrentó vientos, crisis y tempestades por ser mujer, a quien nunca su padre contempló para sucederlo al mando del este gran Diario nacional, sentenció cuando me invitó a escribir esta columna de opinión (la única mujer en ese entonc

2019, año terrible

Mi breve balance del año empezará por el Ecuador. Y lo que me quedó claro es que las fuerzas políticas son incapaces de trabajar juntas por el bien común. El país se incendió precisamente por eso, afloraron las peores taras de nuestro pasado -la discriminación, el racismo- y fue contestado con violencia verbal y física.

La Corte Constitucional

En la ciudad en que vivo, en todas las estaciones de metro, hay carteles con mujeres diciendo “Me casé de esperar…” Cada cartel tiene un mensaje diferente: Esperar que las crisis pasen, que otros derechos sean reconocidos primero, que la equidad no llegue, que no podemos decidir cuándo y cuántos hijos tener. Y es un mensaje universal. Yo podría estar hablando de las crisis económicas, políticas y sociales que azotan la región y dejar en segundo plano -como siempre- la despenalización del aborto por violación que ahora mismo está en la Corte Constitucional en el Ecuador.

Proyecto: Reconciliación

Poco se puede añadir a las múltiples cosas ya dichas sobre las dos semanas que concluyeron. Ya lo ríos de tinta han corrido y los análisis serios están hechos. Sabemos bien dos cosas. Que los subsidios no son sostenibles, ni justos, pero siguen ahí, porque no hemos encontrado ni oportunidad ni forma de buscar salidas inteligentes. Sabemos también que hay una ruptura profunda en el Ecuador que atraviesa todas las fibras tectónicas imaginables: raciales, regionales, urbanas/rurales, clasistas, ideológicas.