Un país roto

La semana que pasó, una serie de eventos aparentemente desconectados entre sí perfilaron una imagen clara de por qué el Ecuador está en la crisis en la que está. Y el panorama es completamente desolador. No sólo hay una crisis económica y ética, está roto el sentido mismo de país y la capacidad de relacionarnos como ecuatorianos. Todos de alguna manera están ayudando a resquebrajarlo: un poco cada día. Diversos grupos sociales, humanos, están tirando la cuerda para lados tan distintos, que la sociedad pronto se va a arrancar a pedazos. Todos parecen jugar un juego mezquino para ganar pequeñas batallas, cuando se está perdiendo la guerra.

Punto de no retorno

En Norteamérica hay un dicho que traducido al español suena más o menos así: “la basura se está quemando en un tren que está desbocado”. Y la frase no puede calzarle mejor al gobierno de Donald Trump y, por antonomasia, al país que está dirigiendo. Los académicos más serios -desde historiadores hasta economistas, pasando por sicólogos y politólogos- habían anticipado el espiral descendente desde hace mucho. Pero a todas luces, la realidad los superó largamente. No es exageración decir que Trump -como muchos populistas autoritarios- ahogó la democracia estadounidense y sus instituciones con una maestría sólo posible entre miembros de mafias extremadamente organizadas. Primero, subvirtiendo el sentido de las libertades (entre ellas la de prensa), luego violando la ley y los precedentes tan sistemáticamente que sus mismos coidearios de partido apenas ya notan la diferencia. Y luego mintiendo tan sistemáticamente sobre todos y todas las cosas que ya el sentido de la realidad, al menos entr

Universo paralelo

Es el 25 de mayo de 2017. Rafael Correa Delgado se despide del país para residir definitivamente en Bélgica y, finalmente, dedicarse a escribir su primera monografía propiamente académica. Una multitud le despide en el aeropuerto Mariscal Sucre en las afueras de Quito. Su verdadera vocación de izquierda motivó dos reformas transformativas para el país usando cada centavo disponible del boom petrolero durante sus años de gobierno: diseñó e implementó un sistema de salud universal, donde ya nadie tenía que pagar seguros adicionales, donde todos tenían acceso a salud de calidad y gratuita, con tantas unidades de terapia intensiva como en Alemania y; revolucionó el sistema de educación que la clase media masivamente empezó a inscribir a sus hijos en escuelas públicas. Hasta para el más humilde de los niños del Ecuador, estaba ya disponible y financiada una educación de calidad, con tablets, internet gratuito y capacitación docente para lograr excelentes notas en los exámenes PISA y con la

Caballos de Troya

¿Para qué sirve el feminismo en política? A juzgar por lo que pasa en Ecuador, para acceder a puestos políticos importantes y para estar “in” en redes sociales. El debate nunca fue más relevante ahora que se discute el veto o no veto del Código Orgánico de la Salud (COS). Un código que -en cualquier sociedad racional y consciente- debería pasar por abrumador consenso, pero en Ecuador está amenazado por todos los frentes.

El espejo Trump-Correa

He seguido la presidencia de Donald Trump en Estados Unidos con una familiar sensación de dejá vu. Todo me recordaba a alguien. Empezando por su campaña electoral. ¿Dónde había escuchado denostar a todo aquél que le critica con epítetos ad hominem, insultos a las personas en discusión de ideas? ¿Dónde había escuchado esa permanente muletilla de la prensa de corrupta y mediocre cuando no ensalza sus grandes logros? ¿Cómo explicar la particular atención contra todos sus críticos, dentro o fuera del gobierno? ¿Dónde había visto esa capacidad de llenarse de neófitos y acólitos para después -cuando las sindicaciones y los juicios por corrupción afloran- declarar que “no los conoce” o “nunca los ha visto”?¿Por qué esa obsesión con las palabras “odio” y “odiadores”?

Rápidos y furiosos

Debo confesar que la osadía y arrogancia de los jóvenes privilegiados en Ecuador es para dejar asustado a cualquiera. Fuera de lugar están las recomendaciones de trabajar duro, esfuerzo y sacrificio de muchos años, mantener una trayectoria limpia, para una vez demostrado todo esto, servir al país desde algún cargo público de importancia. Todo lo quieren rápido y antes de que alcanzar siquiera un perfil solvente en LinkedIn (usualmente más de tres años), se sienten con las ínfulas de presentarse como candidatos políticos, no a modestas concejalías o diputaciones, sino nada menos que a la Presidencia de la República. Y, encima se sienten que “el mayor servicio al país es la construcción de un espacio para el bien del país” (la cacofonía no es mía). Pues sí, me refiero a Otto Sonnenholzner. Aquél joven de 37 años sin más a su haber que trabajar como locutor de la radio de su propia familia ahora da lecciones de sacrificio al país. Como aquel sacrificio de dejar la Vicepresidencia después

Balance escaleno

Lo que le pasa al Ecuador con China es un desastre no sólo anunciado, sino creado por los dos últimos gobernantes de turno y su incapacidad de pensar más allá del Palacio de Carondelet. Los países pequeños como Ecuador siempre son presa de las grandes potencias y más, cuando éstas están en plena disputa como lo estuvieron EE.UU. y la Unión Soviética y ahora EE.UU. con China. La única posibilidad y oportunidad de una política exterior autónoma es conseguir un delicado balance de amistad y cooperación -sin que sea alineación- mientras se diversifica la canasta de socios del país en todos los aspectos: comerciales, financieros, tecnológicos, estratégicos con esas potencias y con otros países. Es, realmente la única posibilidad, como bien lo explicó Tucídides hace más de dos mil años.

Ellas pueden esperar

Quería escribir sobre el patético sentido del deber que tienen los que dicen representar al país y tienen aspiraciones de liderazgo. Se va un tercer vicepresidente sin pena ni gloria y se posesionan siete nuevos ministros/secretarios, tres de los cuales deberían desaparecer con todo y ministerios y/o secretarías, dada la peor crisis fiscal de la historia. Pero todo sigue como si nada, así que esta columna tiene mejor uso recordándole al poder que la vida de niñas y adolescentes están a diario en peligro, por violaciones que promedian seis al día y siguen siendo invisibles para el Estado ecuatoriano. Rocío Rosero, de la Coalición de Mujeres, no podía decirlo más claro: “Nos duele tener información de que todos los cargos en el exterior (yo añadiría de clientelas y enviados políticos), todas las agregadurías militares, no han sido tocadas, pero no se prioriza la vida y la dignidad de las niñas y mujeres del país”.

El avance en retirada

Estaba preparando este artículo por meses con un Jaime Nebot candidato a la presidencia. Es más, estaba dispuesta a apostar que si se lanzaba Jaime Nebot ganaba, no solamente porque reunía el requisito que tanto atrae a los ecuatorianos: líderes de mano dura, usualmente un eufemismo para decir autoritario.

El fin de una hegemonía

La muerte de George Floyd en manos de la policía en Minneapolis, Estados Unidos, fue apenas la gota que derramó el vaso. No sólo porque las ciudades de Estados Unidos se levantaron en protesta para decir basta ya de abuso policial, sino por el efecto dominó que generó en muchas partes del planeta para reconocer el racismo en casa.