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Tres damas y un país

Hay que decirlo con frontalidad, ojalá que la designación de las tres damas para comandar el poder legislativo no sea el resultado de cálculos totalitarios machistas, para conciliar la sumisión del primer poder de la República al presidencialismo absoluto, como jugada maestra de quienes creen que, manipulando el factor género en su favor, van a impedir liderazgos peligrosos que amenacen la supremacía del líder.

Los servilismos no son patrimonio de hombres, peor de mujeres, los y las que quieran serlo, lo serán; y, cuando de revolución se trata, si esta es verdadera, tampoco predomina género alguno, aunque las mujeres que optan por la revolución son más decididas y honestas, más objetivas y confiables para sus pueblos.

En este sentido, la experiencia que va a vivir el poder legislativo, con la conducción de las tres designadas damas, no la considero un hito histórico, por el género,  sino por las perspectivas reales de honestidad moral e intelectual, que, por su juventud y rebeldía, han trascendido.

Espero tengan conciencia real y objetiva  del caos institucional que vive la República; de la necesidad de restablecer la independencia y respeto entre las funciones; de la gravedad del daño que causa la corrupción  y la impunidad; y, por tanto, de la necesidad de moralizar al país restableciendo, por un  lado, la función fiscalizadora  que convierte al legislativo en el primer poder del Estado y, por otro, dictando leyes moralizadoras que determinen la extinción del dominio sobre los bienes cuyo origen lícito no se pueda demostrar.

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