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¡Sorpresa!

Parecería ser característica del siglo XXI, el que los ciudadanos vivamos con el estrés a flor de piel, y el sobresalto y las sorpresas a la vuelta de la esquina.
La última sorpresa nos acaba de dar el Concejo Metropolitano al cambiar la esencia de los símbolos de la ciudad, en un despertar tardío de un falso antiespañolismo.
Quito es considerada Luz de América, cuna de la libertad, patrimonio mundial de la humanidad, y últimamente destino obligado del turismo, no por las obras realizadas por el señor alcalde Barrera y su conjunto, sino porque supo amalgamar de manera positiva y casi milagrosa el espíritu artístico, la mente creadora y la increíble habilidad de nuestros aborígenes (porque te hizo Atahualpa eres grande) junto con una nueva y fresca visión de la arquitectura y la tecnología constructiva (y también porque España te amó).
Por eso Quito detenta los títulos que orgullosa y merecidamente los tiene. Dejémonos ya de complejos disfrazados de obsoletos y trasnochados nacionalismos.