15 de septiembre de 2018 00:00

Salir del subdesarrollo

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Guillermo Dueñas Iturralde

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Hace unos días recibí un video de la presentación del señor Oppenheiner en la Universidad de Lima-Perú, en el Foro Industrial y en el cual él, hace presente la necesidad de mejorar la tecnología para así producir y exportar productos terminados, esto es, no contentarnos con producir sólo materia prima, sino convertirnos y caracterizarnos en el país productor y exportador al mundo de productos orgánicos y terminados. Y, lo más importante fue los ejemplos que presentó, sencillos pero elocuentes, pues hizo presente la diferencia del precio del café en grano con el de una taza de café de marca, servido en los lugares típicos. Y, al respecto ampliando el ejemplo me permito hacer presente el caso del café colombiano. Hace algunos años Colombia ya pensó al respecto y creó la Flota Naviera “La Gran Colombiana” de la cual junto con Venezuela fuimos socios, pero a Colombia no le importaba la flota naviera como un negocio en sí mismo, lo que le importaba era transportar e introducir su café en el mundo entero, y lo logró.

Igualmente lo ha hecho Perú con su comida típica, inició puliendo su sabor y su presentación y ahora con una buena propaganda está siendo consumida en todas partes del mundo, incluso en la China.

Al respecto me permito narrar dos experiencias, la primera fue en Génova-Italia en los años 78-79 me invitaron a conocer una de las fábricas más grandes para producir café, recibía café en grano de todas partes del mundo, inclusive el nuestro, pero el de Zaruma, esto es, el café arábigo de altura y lo usaban solo para dar el sabor y el aroma a todo el resto del café que elaboraban. Y, al respecto nosotros a nivel nacional habíamos despreciado este café y por el facilismo nos dedicamos a producir el café híbrido, que no tiene un mayor mercado. La segunda fue en Washington en los años 82-83 donde fui invitado a un almuerzo y el Embajador de la República Dominicana, un país visitado por muchos turistas, que se había desempeñado en la Embajada en Ecuador, destacó lo sabrosa y variada que era la comida ecuatoriana, para él la mejor comida del mundo, hizo presente lo típico de la comida serrana y de la costeña, los locros y los sancochos. Lamentablemente adoptamos comida chatarra qué tanto daño hace.

Es impostergable crear un organismo que con la ayuda de entendidos internacionales estudien y determinen los productos a producir en base a condiciones de nuestra naturaleza territorial y así mismo las cualidades de los ecuatorianos para optimizar nuestras capacidades y competir a nivel internacional, de otra manera continuaremos en el subdesarrollo.

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