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Recuerdos que me llenan de orgullo

Fui funcionario público por casi 40 años, de los cuales la mitad estuve en el Ministerio de Finanzas, donde comencé a trabajar cuando era estudiante de Economía de la Universidad Central, llegando a ser Director departamental y luego Asesor del despacho del Ministro por dos ocasiones. Adicionalmente fui Asesor de la Presidencia del Congreso Nacional en tres oportunidades; Director Ejecutivo del Consorcio de Consejos Provinciales; Asesor del Banco de Fomento; Gerente de Asistencia Técnica del Banco del Estado y Consultor del BID, siendo siempre respetado por mis superiores y, obviamente, por mis subalternos que es lo que a muchos no les importa. En una carrera tan larga, tuve algunos desacuerdos, superados gracias a mi hoja de vida: El encargo de la Dirección en la que laboraba, a un subalterno mío, cuando yo ya era subdirector, aduciendo que yo estaba dirigiendo un grupo de trabajo en otra dependencia. Con mi reclamo la orden se dejó insubsintente y el asunto quedó aclarado con generosidad.

Se perdió confianza en mi persona en el despacho del Ministro, por haber dado una autorización que se pensó, al comienzo, era equivocada. Por este hecho, renuncié y pasé a laborar en el Congreso. Aclaradas las cosas se me insinuó que regrese al Ministerio de Finanzas, pero no pude hacerlo por haber firmado un contrato de servicios por un año.

Mi nombramiento en el Banco del Estado a petición del presidente del Directorio, sin contar con el respaldo del gerente, lo que me obligó a renunciar “en forma irrevocable” ante las autoridades, para que se pongan de acuerdo, decisión que me permitió superar “casi todos los problemas”.

Un caso diferente es el relacionado con mi “contrato de servicios” con el BID, por haber puesto un informe negativo a la propuesta presentada por una firma de computación, por el sobreprecio, lo cual disgustó a quienes tenían interés en su firma, a tal punto que consiguieron que se de por terminado mi contrato, aduciendo mi supuesta oposición a la modernización que se estaba buscando.

Recuento todas estas experiencias, para que el Contralor y el Defensor del Pueblo detenidos, renuncien si es que les queda un poquito de vergüenza, y no esperen que la Policía entre a sacarles para conducirles a una prisión que brinde más seguridades, antes de que comiencen a declarar que también ellos son “perseguidos políticos”.