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¡Qué desilusión!

Como durante 45 años, el 16 de julio fui con mucha devoción a la misa en honor a mi virgen de El Carmen en la iglesia  Santa Teresita, devoción inculcada por mi madre.  Hasta el año pasado fue una misa muy linda y solemne   donde la gente rezaba y cantaba canciones que llegaban al alma. Este año  la celebración me ha dejado perpleja, la gente entró como a un estadio a cantar, bailar, aplaudir, hacer coreografías dirigidas por un  animador que pedía que gritemos más fuerte. Por ahí alcancé a ver un señor sensato con un cartel: “Queremos rezar, silencio por favor”.  No pude esperar más y decidí salir de esta fiesta irrespetuosa. Me acerqué  a una de estas personas  que pertenecen al movimiento internacional  “Juan  XXIII”; la dejé helada cuando le respondí: “Qué pena, acabaron con nuestra fiesta religiosa de la Virgen de El Carmen”.