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No todo está perdido

Qué últimos tiempos hemos pasado. No me refiero solamente a la pandemia sino a la terrible situación política, económica, social, familiar, estudiantil, incremento increíble de la corrupción, desempleo, violencia, etc. Como nunca todo se acentuó, especialmente la calidad negativa y solapada de la mayor cantidad de políticos que infectan Gobierno, Asamblea, Juzgados, Municipios y muchos lugares más cercanos al Estado.

Claro que hay excepciones, poquísimas, pero las hay. Una de ellas se hizo notoria en un discurso memorable pronunciado por el Ec. Otto Sonnenholzner, vicepresidente de la República, quien renunció a su cargo luego de ejercerlo por casi dos años.

En este tiempo demostró con largueza lo que es el ejercicio de un cargo público relevante: capacidad, servicio, trabajo y sobre todo honestidad. Recorrió todo el país especialmente cuando ya el coronavirus se había extendido, llevando toda la ayuda posible y la emoción de su presencia estimulando a los pobladores.

No me voy a extender. Lo único que debo agregar es que es una verdadera pena que gente tan valiosa –y tan escasa- como el ex vicepresidente no hayan recibido el estímulo y la indispensable ayuda de todos aquellos que se dedicaron solamente a llenar sus arcas. Mis felicitaciones sinceras Sr. Sonnenholzner.