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Oración por Karina

Nuestra ciudad está enferma, se ha contaminado. Sus moradores están siendo consumidos por oscuras pasiones. Cesa el regocijo y termina la alegría. He aquí el hombre que, altivo y cuellierguido mira con ojos descompuestos a los seres más frágiles. Dentro de su pecho late con dificultad su corazón de piedra, y sus arterias esclerosadas impiden el flujo piadoso de la sangre. Cobarde oculta su pecado, lo disimula. Orgulloso pregona por los umbríos senderos una multitud de vanidades. Camina con ojos ciegos y sordos sus oídos. Con su boca vocifera iniquidades. Deambula entontecido por el vino. Busca con torpeza los placeres de la carne, a cualquier precio. No tiene freno. Parece caballo desbocado. Su presencia avergüenza a todo un pueblo y a la humanidad entera. Con profundo enojo y pesar observo que, ya no está sólo, a otros su maldad ha contagiado. Como ahogado que ansioso busca una bocanada de aire, clamo a Dios por justicia, porque brille la verdad, porque oigan los sordos y los ciegos miren para ver. Imploro porque sus corazones se transformen en carne y por sus arterias renovadas circulen los nutrientes del arrepentimiento y el temor de Dios. ¿Hasta cuándo ha de durar este dolor tan insoportable de ver a un hombre enfurecido romper en mil pedazos la integridad de las delicadas fibras del corazón ajeno?