24 de abril de 2019 00:00

Suicidio, dinero y políticos

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César Molina Pérez

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“Para hacer periodismo, así como política, se necesita de mucho dinero”. ¿Y de dónde obtenerlo?, es la pregunta que la sociedad tiene que despejar, según lo expresado en un programa radial el Jueves Santo, a propósito del suicidio de Alan García, quien prefirió eliminarse antes que sufrir la deshonra judicial por la acusación del caso Odebrecht y de ser tratado igual que un convicto expresidente peruano.

En una parte del diálogo, se pretendió sutilmente categorizar el robo de los dineros del país y “entender” y cuasi justificar a quienes roban a la sociedad, pero lo hacen para conseguir sus objetivos políticos y “ellos -los líderes- no se llevan un centavo para su beneficio propio”. Por favor, qué magnánima ingenuidad en pleno siglo XXI.

“El fin justifica los medios” sería la teoría perfecta en el accionar de las personas y más aún de los políticos. Para abundar en este razonamiento, se mencionó casos como la sucretización, la disposición de gastos reservados, supuesto peculado en la renegociación de la deuda externa, del caso Flores y miel; finalmente, se bautizó como prohombres de la patria a varios ex presidentes que fracasaron en la administración del país, y uno de ellos con mayoría absoluta en las tres funciones del Estado; además, se incluyó a un dictador militar, que sus mismos compañeros de armas despojaron del poder por tanta corrupción.

No nos confundamos; esos y otros gobiernos más son los responsables en más o en menos de la tragedia política, económica y social del Ecuador en los últimos treinta años, y de que el ciudadano honesto, cansado, angustiado y hastiado de tanto atraco y desgobierno, crea que existe un redentor.

Mi profunda preocupación está dada principalmente por cómo se transmite a las nuevas generaciones los valores éticos, que no pueden estar cualificados y dimensionados por la cantidad y el destino de lo robado; y obviamente, por conocer la verdad a medias. Las consecuencias de los asertos de mi referencia, producirían efectos traumáticos en la moral y ética públicas.

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