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La actual provincia de Imbabura cubre parte del terruño Caranqui, que sirvió de asiento primario a los habitantes, cuya valiosa y progresista cultura caracterizó a la civilización Shyri.
Los ecuatorianos no hemos relievado la importancia histórica que tiene Atahualpa, cuyo accionar previo al arribo de los españoles, consolidó un inmenso anhelo de unión comunitaria (fértil semilla pujante que fructificó en nación) que fue reconocida y documentada por los ibéricos.
Los primeros capítulos de nuestra historia, que reposan principalmente en Sevilla y el Escorial dan a Atahualpa una singular trascendencia.
Cuando Juan Carlos de Borbón, actual rey de España vino a Quito, al bajar del avión dejó sin palabras a la comitiva de recepción con su pedido de que le lleven a conocer el monumento de Atahualpa, antes de alojarse en el hotel.
¿Por qué tuvo este deseo? Probablemente porque estimó que la personalidad de Atahualpa tendría para los ecuatorianos, categoría similar a las figuras hispánicas de Isabel de Castilla o el Cid Campeador.

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