2 de October de 2011 00:09

Morir en mi casita

valore
Descrición
Indignado 0
Triste 1
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0

LEA TAMBIÉN

LEA TAMBIÉN

En las cartas a la Dirección del domingo 25 de septiembre,  Soledad Flor solicita al Señor Presidente que ¡también! disponga que los moribundos no sean dados de alta para utilizar la cama en los hospitales por quienes aún tienen posibilidades de vivir. No hace falta ¡uf!

Como el tema me incumbe porque yo también me voy a morir,  le cuento que ya existen en el país, pocos pero existen, grupos y personas que atienden a quienes antes se llamaba desahuciados.   Le puedo  nombrar la Fundación ABEI (Amigos Benefactores de Enfermos Incurables,  desde hace 40 años) y la más joven Fundación Jersey entre otros grupos profesionales, además de grupos  voluntarios tanto religiosos como seglares. La Universidad Andina inició a fines del año pasado un curso para preparar personas en Cuidados Paliativos al final de la vida. Así los hospitales pueden dedicar sus camas para atender a quienes tienen posibilidades de curarse y vivir.
Como debe ser.

Cuando habite en Europa el ciudadano Rafael Correa Delgado podría ir a morir en una de estas instituciones de Cuidados Paliativos al final de la vida o de eutanasia asistida.

Yo, personalmente, quiero morir en la camita que he usado toda mi vida, rodeado  de los objetos y recuerdos que he amontonado durante los ratos que no estoy en ella, y acompañado de las personas, animales y plantas que yo quiero sin horarios ni restricciones.  He compartido con el número suficiente de moribundos como para saber que al contrario de la “devastación y desolación” del encuentro con la muerte, la agonía  en su propia casa, puede dar a la vida sentido y trascendencia que en  actividades de la cotidianidad es difícil encontrar.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (0)
No (0)