17 de septiembre de 2018 00:00

Migración: dolor sin nombre

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Ena Ruth Espín López

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Vengo desde los riscos andinos, aquí estoy al pie de las montañas sintiendo en carne propia el dolor de aquellos caminantes que van en busca de un nuevo pan en otras geografías; y, quizá recogerán las migajas que se lanzan al viento sin ver aquellos pies sangrantes que cruzan las fronteras, sin tan siquiera encontrar a la vera del camino una voz de aliento, una mano amiga que se extienda para mitigar el hambre no solo de un mendrugo de pan, sino de una mirada amiga nacida y sentida desde el fondo de los siglos porque el oro negro se escapó desde la mochila de la esperanza, en aquel lejano terruño en el que nacieron en medio en condiciones de extrema pobreza, porque fueron víctimas de la explotación.

Han caminado descalzos por la ruta de los Libertadores de esta América que soñó en una patria sin tiranos ni penurias; pero, que con el paso de los siglos han surgido otros verdugos que atenazan a un pueblo hundido en medio del dolor cuando debe abandonar su terruño para caminar sobre los Andes hacia lejanas geografías que ofrezcan el pan y la dignidad; que propongan un trabajo honesto en el que las mujeres podrían alcanzar un nivel de vida en el que se conjugue la honestidad, donde nadie atropelle sus derechos y que encuentren espacios en los que se abra un horizonte de luz, un faro encendido que guíe a niños y adolescentes, peor aún del acoso que atenta contra su integridad personal.

No es posible olvidar que Ecuador a partir de los años 90, también sufrió los efectos de una masiva emigración; sin embargo, nuestros coterráneos cruzaron el Atlántico rumbo a la madre patria, dispuestos a trabajar en cualquier oficio, a pesar de toda clase de humillaciones y discrímenes debido al racismo que subyace a través de los siglos, dificultades que fueron superadas con el fin de enviar recursos económicos a los hijos que en muchos de los casos quedaron en manos de los abuelos y otros parientes. De todas maneras, aquella dolorosa etapa fue superada gracias a la resignación de un pueblo trabajador que se ganaba el pan en los oficios más humildes hasta reunir los ahorros suficientes para retornar a la bien amada patria.  

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