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Mi lindo Ecuador

Mi país es muy singular, no es como muchos otros, su tierra es extremadamente prodigiosa y sus nativos son igualmente magnánimos; tanto así , que son seres que nunca buscan lo suyo propio sino siempre el bien de los demás; es raro y extremadamente extraño que se les acuse de truhanes o bandidos, pues su honestidad y decencia irradia tanto en el día como en la noche, a tal punto que sus nacionales y turistas gustan seguros de venir y transitar confiados por los hermosos y recónditos parajes citadinos y campestres. “ecuatoriano soy” lo decimos a voz en cuello y con orgullo en cualquier parte del planeta, pues no tenemos cosa alguna de que avergonzarnos, por el contrario, hay mucho de porque estar erguidos en firme humildad. No hay motivo de vergüenza con ciudadanos tan ejemplares; más eso sí, con sabia modestia aceptamos los excesivos y finos calificativos que nos prodigan propios y foráneos.

En mi nación, a excepción de otros estados, si se puede hablar de política, fútbol o religión en los almuerzos familiares, pues todos aportan, edifican y unen a la familia, ya que el bien de la progenie es uno y no tiene dentro de casa color, bandera o extraña ideología que los lleve a sus miembros a pensar o actuar con vanidad, orgullo o desdén.

Los compatriotas de mi patria amada son nuestro ejemplo, curiosamente no necesitamos modelos extranjeros, pues hay con demasía caballeros hidalgos y generosos que con su luz nos guían, ora los que están vivos y también los que con sus transmitidos y plasmados ideales están muertos.

Le apuesto a mi tierra y a su gente que con sus teas de sabiduría, paz, trabajo y unidad nos llevaran al porvenir brillante y equitativo que nos espera.