De los médicos

La medicina es la ciencia que permite prevenir y curar las enfermedades de los seres humanos. El médico es el resultado de una prolongada, sacrificada y costosa formación, en ella transcurren, al menos, tres lustros posteriores al bachillerato. Difícilmente un médico pudo disfrutar las actividades sociales propias de la juventud, pues las horas, días, meses y años de esa dorada época transcurrieron entre voluminosos libros, aulas, hospitales, laboratorios y la reverente manipulación de órganos y tejidos humanos. En esa fragua ardiente, allí se forja el galeno, se prepara para proteger la vida, don que solo el Ser Supremo con su infinito poder nos otorga. Ninguna otra ciencia como la medicina requiere de una permanente preparación y actualización.
Hoy bajo la figura de mala práctica médica, se pretende sorprender a los profesionales de la salud. Si un cirujano, luego de agotados todos los esfuerzos por salvar la vida de un paciente no lo logra, está expuesto a que se lo impute por crimen inintencionado, para ello actúa la viveza criolla, abogados inescrupulosos que juegan con el dolor de los deudos, ofrecen sus servicios ‘profesionales’ e insinúan se llegue a arreglos extrajudiciales, es decir, dinero.
Como resultado de este ambiente adverso, los galenos se sienten temerosos y limitados de ejercer las cirugías de mayor riesgo, en este contexto, todos salimos perjudicados, de manera especial, los pacientes.
Se requiere una acción sensata y mesurada de los asambleístas para que las leyes no generen una inseguridad jurídica para la clase médica. Caso contrario terminaremos en la cárcel y cuando menos, extorsionados.

Médicos

Los doctores en medicina celebraron su Día reiterando el … “compromiso de fortalecer la organización ante el despropósito de fracturarlas, desconocerlas y deslegitimar el rol de defensa de los intereses de los profesionales médicos y de los ecuatorianos al derecho de una salud de calidad y al servicio de los más pobres”, dicho por el Presidente del Colegio Médico de Pichincha, Dr. Iván Riofrío Mora.

En los últimos años, la clase médica afronta una grave realidad pues, en numerosos casos, aducen que el fallecimiento del paciente no se debe a la enfermedad (por más terminal que sea), ni en lo que creemos muchos, la hora de partir señalada por Dios o el destino. Aducen que la muerte del paciente se debe a “mala práctica médica”; acusación que está atada a reclamo económico.

Desde septiembre de 1991, los médicos –igual que personas de otras profesiones- cuentan con abundante legislación, entre otras aquella para el Ejercicio, Perfeccionamiento y Defensa Profesional. La organización mayor es la Federación Médica Ecuatoriana pero también –a nivel provincial- los Colegios Médicos. El Colegio Médico cuenta con un Tribunal de Honor que, en su Art.24, dispone: “El Tribunal de Honor juzgará la conducta profesional de los médicos, afiliados o no’.” entre otras razones por actuación pública que menoscabe el prestigio de la clase médica, quebrantar el Código de Ética; y, la que es muy importante: “Negligencia en el cumplimiento de la práctica profesional”.

Desde más de una década, se ha venido insistiendo en que el fallo del Tribunal de Honor debería ser tenido, en la justicia, como primera instancia, ya que es emitido por quienes saben de enfermedades, complicaciones y posibilidad o no de curación. Para ello se ha sugerido que el Congreso Nacional –hoy Asamblea- agregue a la ley estas pocas palabras: “El juzgamiento del Tribunal de Honor Provincial constituirá fallo de primera instancia”, pues siendo el juez un abogado es bastante complicado que entienda mejor las implicaciones del tratamiento o de la cirugía, antecedentes del fallecimiento. ¡Todo ha sido en vano!

Ante ese vacío, las acusaciones penales son por “homicidio inintencional,” susceptible de prisión de tres meses a dos años. (Art.459 y 460 del Código Penal).

Peor aún: la Asamblea de Montecristi introdujo en la Constitución que ahora rige, el Art.54: “Las personas serán responsables por la mala práctica en el ejercicio de su profesión, arte u oficio, en especial aquella que ponga en riesgo la integridad o la vida de las personas”.

Cuando el paciente sale bien, es milagro (del Señor, de la Virgen o de un Santo); pero si muere, no hay nadie de la Corte Celestial que ayude a cargar el muerto.

En general, en lugar de quejas es razonable que guardemos gratitud con los doctores en medicina, vigilantes de nuestra salud.