19 de diciembre de 2019 00:00

Medicina rural, un arte sacrificado

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Carlos Mosquera Benalcázar

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La fundó Velasco Ibarra en su quinto mandato 1968-1972, consciente de que los requerimientos en cuidados de salud de individuos en áreas rurales son diferentes de los urbanos por factores geográficos, demográficos, socioeconómicos, de trabajo y salud personal.

El sacrificio del médico joven, se fundamentó allá por 1970, en la total carencia de equipos y deficiencia de insumos en poblaciones aisladas, muchas de ellas asequibles solo por vía aérea o marítima luego de horas de travesía. En aquel entonces la Universidad Central sufría una de sus tantas clausuras como las de García Moreno 1869, Veintimilla 1880, Juntas Militares 1964, 65 y 66 y Velasco Ibarra 1934 y 1970. El Ministro de Salud Francisco Parra Gil, fue quien nos permitió ejercitar el oficio rural sin un título bajo el brazo.

La pericia y destrezas de quienes conformamos la Promoción 1970, fueron vitales en pueblos sin accesos racionales o carencia incluso de energía eléctrica, donde las habilidades suplieron equipos y artefactos que actualmente hacen más fácil un diagnóstico y tratamiento. Fue en esos ambientes hostiles y sin agua potable donde ejercitamos verdaderos milagros. Nadie que no sean pobladores agradecidos por la salud y la vida, reconocieron la abnegación de los galenos, al contrario, fueron gobiernos irresponsables quienes hasta el momento son cicateros y creadores de leyes y salarios ultrajantes al noble oficio de la medicina.

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