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¡Cuánto llanto y lamento!

¡Qué dolorosos tiempos de pandemia enfrentamos! Tantos seres humanos que han dejado ya el mundo. En horas, el virus invade pulmones y órganos vitales; la víctima pronto enferma, su vida está en alto riesgo. Médicos y enfermeras asistiendo heroicos a pacientes; a unos les salvan sus vidas, a otros ya nadie los salva. Qué impactante cuadro: imágenes de hospitales con enfermos hacinados en agonía silenciosa. ¡Cuánta falta de oxígeno! A los contagiados les falta. Si pudiéramos regalarles algo del que respiramos.

¡Cómo se va la vida en horas o en pocos días! Quienes dejan el mundo no dan tiempo a despedidas. ¡Qué tremenda impotencia! Al virus no se le puede vencer y ha causado tantas muertes en el planeta. El hombre, con toda su ciencia, está indefenso; familias en confinamiento, millones sin pan ni trabajo.

La muerte a todos nos llega, nadie sabe el momento; Dios nos libere del virus que incansable acecha. La gente responsable sea; cuidémonos más y cuidemos a los nuestros; no seamos cómplices o asesinos, cumplamos la cuarentena. La vacuna -cual visa a la vida que todos tenerla aspiramos- mientras la esperamos ansiosos, la muerte ojalá no nos llegue. El hombre a Dios vuelva, y cumpla sus mandamientos; no contamine el planeta y la vida siempre respete. ¡Qué dolorosos tiempos! ¡Cuánto llanto y lamento! Quienes han muerto en pandemia, por nosotros sus vidas en ofrenda.