15 de enero de 2020 00:00

Lecciones del periódico Primicias de la Cultura de Quito

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César Burgos Flor

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Con nuestro precursor Eugenio Espejo se cumplió lo que dijo Danton: “La revolución empieza por la inteligencia para ir de ahí a las barricadas”; fue la conciencia crítica de la Colonia, fundó al primer periódico Primicias de la Cultura de Quito para orientar la acción de las instituciones y el gobierno.

Logró publicar siete números, del 5 de enero al 29 de marzo de 1792. Espejo se muestra en este célebre periódico como un despertador de la opinión pública, preocupado por el cultivo de las letras, la pedagogía, analista de los problemas sociales, crítico del arte, suscitador de sus compatriotas para que se interesen por la ciencia, la agricultura, el comercio y la política; creía que el hombre que se ha civilizado debe exhortar al populacho para que comprenda que el bien común está por sobre el bien particular, es decir la igualdad de derechos.

En el suplemento del primer número del 5 de enero manifiesta que las escuelas de primeras letras son las que forman todo el ser científico, moral y religioso de las repúblicas y que el maestro forma el corazón del muchacho en el aprecio del verdadero honor, le explica qué es la humildad y enseña con su ejemplo, anuncia al niño las delicias de la liberalidad; pule, adorna, fabrica, tornea las costumbres del tierno discípulo, debe enseñar a usar la razón, esto es, acostumbrarle a que piense; son lecciones de una educación para la libertad que tienen vigencia después de 227 años de planteadas.

La dignidad y la liberación de la mujer se presentan cuando en el número tres de Primicias, 2 de febrero de 1792, aparece una carta firmada por Erophilia (posiblemente Manuela Espejo, hermana del precursor) ”.

Espejo fue muy importante porque pensó de forma diferente; fundó Primicias para que entendamos que la ignorancia y la barbarie debíamos penetrar decididamente en la civilización. Hernán Rodríguez Castello afirmó que es, como todo buen periodismo, mensaje vivo, vitalmente transmitido, que hasta ahora vive.

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