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Ni lágrimas ni sangre

Me refiero a la nota periodística publicada en diario EL COMERCIO el viernes 14 de mayo, bajo el título “Los recuerdos de Fátima y el ataque al papa”, en cuyo penúltimo párrafo, dentro de la narración se expone el caso ecuatoriano de La Dolorosa del Colegio y se escribe erróneamente “… se cree que …lloró sangre en 1906 …”

Debo señalar que en ninguna investigación de la época, crónica seria o relato posterior a esa fecha, que tenga relación con este inusitado y sobrenatural hecho, se describe que la imagen de nuestra Señora de los Dolores haya derramado lágrimas y peor aún que fueran de sangre. La tradición mantiene su creencia en las lágrimas, porque están impresas en la litografía brotando de los ojos maternales de la Virgen, luego de la crucifixión.

El prodigio del 20 de abril de 1906 en el refectorio del Colegio San Gabriel, según los testigos presenciales: treinta y seis alumnos internos, dos religiosos y dos sirvientes de los niños, consistió en que vieron que la imagen del cuadro abría y cerraba sus ojos, en un parpadeo que duró aproximadamente quince minutos.

Realizo esta necesaria aclaración en virtud de la equivocación en una parte del contenido de la nota publicada.