25 de January de 2012 00:01

El gran Montalvo, adalid de la libertad

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“La muerte es la lección que nos descubre todo: el que sabe de la eternidad no tiene otra cosa que saber. En este concepto, la sepultura es el pórtico de la verdadera sabiduría” (Juan Montalvo).
El 17 de enero pasado, se conmemoró el 123 aniversario de la muerte de don Juan Montalvo.
Me permito esta carta a los editores de EL COMERCIO para recordar que en Montalvo tenemos al adalid de la libertad, al maestro, al guía de la juventud ecuatoriana, al ilustre cosmopolita al que todo el país debe recordar con verdadera unción patriótica.
A Montalvo, el clero de la época en que murió, le negó la cristiana sepultura. Su cuerpo permaneció en París hasta que Guayaquil permitió que sus restos fueran trasladados y sepultados en el cementerio general de esa ciudad a la que tanto amó. En 1932 y, en un mausoleo erigido en su honor, se ubicó el catafalco que contenía sus restos. A partir de esa época, Montalvo se ha constituido en el gran insepulto de Ambato. Su “momia” está expuesta para que la gente pueda entrar a mirar “cómo era”. Para evitar la descomposición, su cuerpo era sometido a baños de formol; se crearon las inverosimilitudes más extrañas como que le crecían las uñas y el pelo; en otras palabras, se ha permitido que se profane su cadáver de la manera más morbosa. Parece que autoridades y encargados del museo y del mausoleo han resuelto seguir manteniendo la disposición clerical de aquel entonces. Por favor, en homenaje a su reciente aniversario, ¡sellen su tumba y déjenle descansar en paz!

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