En suspenso disputa entre comercio formal e informal…
México aplica dosis extra a mayores de 60 pero desca…
Presupuesto 2022 del Municipio de Quito será de USD …
Fisco cerrará el año con menor déficit
Cadena perpetua para padrastro y madre por feminicid…
Abogado de Nelson Serrano pide a EE.UU. tramitar dos…
En la terminal terrestre de Tulcán se reforzarán controles
Joven agredido durante gresca en Quito no falleció

Seguridad en decadencia

Tras cumplir los primeros 100 días de gobernanza del presidente Guillermo Lasso es evidenciable la buena imagen que ha plantado gracias a su sistema de vacunación que llegó oportunamente, entre tanta incertidumbre causada por la pandemia del covid-19. Sin embargo, es fuertemente cuestionado por continuar evadiendo el preocupante aumento de la violencia y crimen organizado, causando una gran indignación e inseguridad en los ecuatorianos de los sectores vulnerables.

En el día de su posesión, Guillermo Lasso prometió defender la seguridad de los ciudadanos, no obstante, el sicariato, la delincuencia y el narcotráfico se han convertido en el pan diario para Guayaquil. Según el diario El Universo, específicamente en la zona 8 que comprende Guayaquil, Durán y Samborondón, se reportan 406 muertes violentas, resultando en una muerte cada 13 horas. Ante esto, la alcaldesa Cynthia Viteri militarizó las zonas conflictivas y ordenó reforzar los operativos policiales, pero al contrario, Lasso no ha declarado nada al respecto.

Asímismo, nacionalmente presentamos una fuerte crisis carcelaria, lo que desembocó en los amotinamientos de las cárceles de Guayaquil, Cuenca, Cotopaxi y Latacunga. El mundo entero quedó horrorizado ante las crudas imágenes de las matanzas, pero ¿cómo es posible que los reos tengan armas de fuego?, y esto es producto al poco interés por acabar con la corrupción que abunda en estos centros. Por ende, es sumamente sencillo ingresar toda clase de dispositivos, drogas y armamento a los centros penitenciarios por medio de sobornos a los guías penitenciarios.

En respuesta a esto, el Ejecutivo declaró un estado de excepción penitenciario, en un intento desesperado por frenar la violencia, aunque esto no tendrá ningún impacto. La solución está en reformular un presupuesto carcelario que logre responder ante estos altercados, y adicionalmente, incluir el apoyo de las demás instituciones de seguridad nacional. Si bien el Presidente prometió tener “mano de hierro” ante la delincuencia, este es el momento de demostrarlo, antes que el país termine apresado por las bandas delincuenciales.  

Suplementos digitales