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Esto de las firmas...

No me interesa buscar ni quiero conocer si pertenezco, sin pertenecer, a algún grupo, movimiento o partido político: me da lo mismo. Lo que me llama la atención y no me explico es el porqué de tanto barullo, tanto desconcierto, tanta baraúnda, tanto escándalo. ¿Cómo así no nos indignamos cuando falsifican nuestros ideales, trampean nuestros sueños, usan dolosamente nuestros votos, manipulan caprichosamente nuestros destinos, hacen de la democracia un yugo electorero, juegan con nuestras esperanzas, burlan las ilusiones, violan los derechos, son cínicos en la aplicación de las leyes?

Apenas quienes resultan ungidos por la gracia de las urnas nos fallan y se mofan de nuestro destino deberíamos rasgarnos las vestiduras, crisparnos de rabia, lamentarnos a gritos, reclamar a voces, reunirnos, movilizarnos. ¿Por qué no lo hacemos? ¿Será porque el ecuatoriano tiene alma de mendigo, corazón de mártir, destino de Sísifo? ¿Por qué miramos lelamente a nuestros miles de dioses-diosas en sus juegos fatuos desde el Olimpo en el que viven, medran y se entretienen, mientras nos molestan, nos amenazan y persiguen endiosados por nuestra indiferencia, por nuestra ignorancia, por nuestra pereza mental? Pasamos la vida simplemente embotados en la tragedia diaria y sin fin de nuestra realidad, esperanzados en que la tragicomedia termine como en el teatro griego de la antigüedad: con un ‘deus ex machina’ que recomience todo en un borra y va de nuevo eterno y sin final.