4 de marzo de 2020 00:00

Los espíritus penan en la antigua cárcel municipal

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César Burgos Flor

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Fue el primer edificio de hormigón armado que se construyó en Guayaquil en 1886, se incendió en 1896 y lo reconstruyeron entre 1902 y 1905 (es un edificio patrimonial actualmente); nadie quiere entrar ahí porque aseguran que penan.

Muchas personas, recuerdan el lugar porque ahí pagaron sus condenas avezados delincuentes, que llenaron las páginas de las crónicas rojas: Víctor González Navarro, el Come muertos, que profanaba tumbas en el Cementerio General; Enrique Lituma, el Hombre rata, famoso por cavar largos túneles para tratar de escapar o robar en los locales comerciales; Samuel Álvarez Guerrero, Chico silencio, hábil para vengarse con el cuchillo o robar.

Muchos vecinos del lugar del terror manifiestan que los espíritus penan porque se oyen gritos desgarradores, quejas, llantos… Lo corrobora el ensayo Celda Carcelaria, del periodista Justino Cornejo, que en 1953 investigó los horrores de esa prisión y, además lo que le contaron los presos acerca de los asesinados que penaban: “Aparece un personaje y cuando uno se acerca se esfuma”, “A mí me cayó cierta noche un muerto encima”, “Muchas veces hemos oído a Enrique después de que lo mataron a puñaladas en una celda”… La gente del pueblo siempre ha creído en apariciones de muertos.

En estos tiempos, han tratado de darle vida a la muerta cárcel municipal con proyectos que luego abandonaron. Intentaron crear un hotel para que se alojaran los familiares de los enfermos que se asilan en el Hospital Luis Vernaza, pero todo quedó en ofrecimientos.  

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