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Hasta encontrar el diálogo

La situación de Venezuela se vuelve cada vez más crítica, está llegando a punto de no retorno, el momento de hablar y llegar a soluciones se ha terminado. Pero, ¿en verdad hubo ese momento? ¿Los encargados de fomentar y buscar caminos para la comunicación hicieron su trabajo? ¿Hubo diálogo? ¿Hubo la intención de evitar un enfrentamiento interno? ¿Se busca evitar la intervención extranjera?

La OEA, creada en Bogotá en 1948, fue fundada con el objetivo de lograr un orden de paz y de justicia, fomentar su solidaridad, robustecer su colaboración y defender su soberanía, su integridad territorial y su independencia. Sus pilares son la democracia, los derechos humanos, la seguridad y el desarrollo. Sin embargo, con decisiones desatinadas del organismo, por un mal tutelaje, ha perdido legitimidad y voz para resolver enfrentamientos como los de Venezuela. Estamos a merced de la Casa Blanca, nuestras disputas y quien las gane depende de los intereses de Washington.

La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), ambos organismos sin la participación de EE.UU., son intentos vagos de buscar la integración política. Intentos fallidos de mecanismos regionales. Actualmente se busca crear un nuevo organismo. Que se encargue de resolver este tipo de conflictos en América del Sur sin la intervención de Estados Unidos.

A los días de hoy parece ser que la única solución para América del Sur es la intervención total de Estados Unidos. De nada sirve crear organismos y celebrar cumbres si todo va a quedar en papel. El problema de Venezuela es una constante en América del Sur y debemos buscar una variable que nos dé resultado. Una de ellas es encontrar el camino al dialogo. Un organismo que siente cara a cara a las partes afectadas.