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Ejemplo que deberíamos seguir

EL COMERCIO publica una nota “casi sorprendente” para nuestro medio. Se refiere al “escándalo” suscitado por determinados gastos en que ha incurrido la Primera Ministra de Finlandia por haber utilizado la tarjeta oficial para “comprar unos chocolates” y, en otro caso, para “pagar el desayuno de su familia en la residencia oficial”.

Estos egresos, pese a lo pequeños que serían, han sido reprochados por los medios de comunicación pública, por estar acostumbrados en dicho país a actuar con ejemplar delicadeza. Para muchos de nosotros tales “derroches” pueden ser hasta motivo de broma, porque casi nos hemos acostumbrado a vivir en un mundo de “desvergüenza permanente”, fruto de que muy pocos de los actos de aprovechamiento de los fondos públicos son sancionados.

Tomando esta referencia, recuerdo de dos hechos concretos: el uno, la cancelación ordenada por el Expresidente Borja respecto a un amigo cercano a él, por haber actuado incorrectamente en determinado trámite; y, el otro, la crítica generalizada de mis compañeros de trabajo en el Ministerio de Finanzas, al enterarnos que el Comandante General de la Policía le había obsequiado una navaja “especial” al responsable de la aprobación del nuevo presupuesto de tal dependencia.

De lo que recuerdo, este tipo de sanciones siempre han sido motivo suficiente para que todos evitemos cometer algún error; pero cuando el Jefe pretende “tapar todo” por cuidarel proyecto político, inclusive defendiendo la honorabilidad de sus colaboradores, olvidan que con dicha actuación están volviéndose “cómplices”, lo que entiendo ha sucedido en los últimos tiempos.