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De esta agua no he de beber

Sabio refrán al que el Gobierno actual hizo caso omiso, una vez posesionado en 2007, que luego de la vacuna que pasó inyectando el difunto presidente Chávez, en nuestro país prácticamente empezó la metamorfosis que nos ha llevado al final de estos 9 años de revolución ciudadana, ya sin dinero, a pedir al FMI y a otros organismos, que antes atendían a la partidocracia y a los de la larga noche neoliberal, a que les presten.

La venta parcial de gasolineras de Petroecuador, el incremento del costo paulatino de la gasolina súper y el diésel, suprimir subsidios de combustibles a empresas acaudaladas, la separación de dos altos funcionarios -Pabel Muñoz y Natahlie Cely-, que venían apagando el incendio en buena forma y que, para criterio de millones de ecuatorianos, debieron seguir en sus puestos han sido las noticias más bulladas de estos últimos días, conjuntamente con el bochornoso desafío Correa-Páez.
En síntesis, continuamos con una burocracia abultada, casi medio millón de empleados públicos, canales de TV incautados sin vender, millones de dólares mal utilizados, como el edificio de Unasur, la explanada de la Refinería del Pacífico, Assange en nuestra Embajada en Londres, helicópteros mal comprados. Para contraste, nuestra Selección de fútbol jugando en un estadio viejo, que debió haber sido remodelado con algo de ese dinero mal utilizado…
¿Cuántas otras cosas nos deparará el folclore ecuatoriano?