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Droga en los colegios

La droga en escuelas y colegios sigue creciendo en nuestras narices, un veneno que no discrimina clases sociales, generando un gravísimo problema para padres, docentes y autoridades, con víctimas inocentes. La solución salomónica sería eliminarla, pero eso es una utopía. Se hace urgente tomar medidas radicales y pragmáticas, pues el Estado está incumpliendo su deber constitucional del buen vivir en cuanto a salud y educación de los niños y jóvenes.

Si en este momento descubrimos a un estudiante con un “sobrecito”, llamamos a la Policía, que solo se lleva el producto. El chico pasa al DECE –si lo tienen-, habla con el psicólogo, y luego regresa al aula de clases. ¡Increíble! El propio sistema le dice a todo el mundo: “No pasa nada si traen sustancias prohibidas y/o señor microtraficante siga vendiendo”, lo que ha provocado que representantes, profesores y directivos pierdan autoridad, sumado a esto la agresividad en los educandos que va creciendo, ya que ellos saben que “no podemos tocarlos”: Error fatal de nuestras leyes y reglamentos que debemos corregir inmediatamente.

Las charlas y las diapositivas han fracasado, así como las exposiciones y carteleras con información. Aquí me tendrán que perdonar los pedagogos proteccionistas. Al joven que porte sustancias prohibidas, consumidor o no, cualquiera que sea la cantidad, debe recibir una sanción ejemplar. Que el chico se entere que esto no es correcto, que se está haciendo daño a sí mismo. No se asusten. Actualmente si un estudiante agrede a otro de obra o de palabra, recibe sanción. El daño de estas sustancias es más amplio y llega hasta la muerte. Una psicóloga decía: “Es preferible que me llores un mes a que me llores toda la vida”.

Pero hay otros frentes. Sin ser policía sé que si pongo una cámara a la entrada de un plantel donde se sospecha microtráfico, en unos días tendré identificados a los pillos. ¿Por qué no se hace esto? El Ministerio de Salud debe intervenir para los casos de adicciones. Necesitamos centros de tratamiento de adicciones en todo el territorio nacional. Y los padres que son responsables directos del desarrollo de sus hijos, muchas veces no aceptan el problema. Como dije al comienzo, tomar medidas radicales y pragmáticas. La droga mata poco a poco. La disciplina, responsabilidad y valores no han pasado de moda. ¿Quién toma la posta?