1 de diciembre de 2019 00:00

Dirigentes perversos, pueblos violentos 

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Alfredo Gallegos Chiriboga

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El odio y el desquite es un mal en los pueblos. Se vio en las últimas manifestaciones mal llamadas indígenas porque allí vimos demasiados individuos que no lo eran, creando desmanes y atacando a la fuerza pública que protegía Quito. Lo penoso es que estaban visiblemente orquestados por la dirigencia de la Conaie. Estos y esos cometieron un vil ataque a la capital de la República, los dos buscaban imprimir el miedo a los ciudadanos para lograr atrapar la ciudad y posesionarse de edificios y calles quizá con diferentes fines pero juntos.

Correa azuzaba desde el exterior a sus huestes que estaban preparadas para aprovechar situaciones que les permitan réditos políticos. Su objetivo principal en ese momento era hacer desaparecer cualquier evidencia de los malos manejos de la cosa pública durante 10 años de corrupción que fueron nefastos para el Ecuador. El ataque y la toma del edificio de la Contraloría no tuvo otro sentido sino el que se destruyan evidencias procesales. Los ataques a mansalva de las instalaciones del Diario EL COMERCIO y del Canal 4 demostraron que fueron dirigidos por los serviles del ex presidente.
Para probar su capacidad política la Conaie aprovechó el momento e implementó una movilización y toma de Quito, el Decreto 883 fue circunstancial. Se les vio apropiados de la Casa de la Cultura convertida en su cuartel y trinchera y a la que no supieron respetar, intentos de apropiarse del edificio de la Asamblea Nacional y quizá del Palacio de Gobierno como símbolos de la República a los que podrían dar el mismo trato.
Si un pueblo se divide por el odio es porque encuentra individuos que lo promueven y otros que lo imitan. Dirigentes perversos, pueblos violentos.

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