23 de diciembre de 2017 00:00

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Anthony Enríquez Palacios

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Se aproxima el fin del año, y el futuro es incierto para la región. El 2 017, estuvo marcado por diferentes sucesos que han afectado a la estabilidad del continente, sin lugar a duda, la época de la bonanza ha culminado y los efectos son palpables.

El caso venezolano, es un claro ejemplo de la incertidumbre que rodea el futuro de la región. A pesar de la hiperinflación, de la reiterada violación a los derechos humanos y la migración a gran escala, el conflicto parece no tener un final a corto plazo, la fragmentación de la sociedad es un impedimento que sin lugar a duda, limitará cualquier forma de negociación o solución. Pero el caso venezolano es solo el más llamativo, los problemas se encuentran diseminados en la región.

Esta situación crítica, sin lugar a duda, afecta en diferente medida a los habitantes de la región, pero cabe preguntarse cuál es el grupo más afectado, y la respuesta, siempre es la misma, el obrero, el campesino, el excluido. Son los grupos más vulnerables los que tienen que llevar el peso de la crisis, no las élites, las que seguramente aprovecharán el contexto para generar procesos de mayor acumulación. ¿Existe alguna solución? A corto plazo, no. Es importante señalar, que los problemas de latinoamericana, son estructurales que no dependen de un gobierno o de una forma particular de administrar el Estado. Por ende, la solución, implica un cambio de estructuras, una deconstrucción del discurso dominante elitista. Es decir, un cambio de paradigma, que restituya la dignidad que cada habitante se merece.

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