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Cartas al Director / 6 de mayo de 2022

¿El fin de las mascarillas?

Las mascarillas han pasado de ser obligatorias a ser recomendables, los únicos lugares en los que siguen siendo obligatorias son el transporte público, los hospitales y los centros sociosanitarios. A pesar de ello, son muchos los ciudadanos que la siguen llevando, incluso al aire libre, y miran con desdén a los que han decidido no usarla y que intentan dejar atrás la pandemia. Suficiente tenemos con que nuestros gobernantes nos coarten, cada vez más, la libertad, como para limitárnosla entre los ciudadanos. Supongo que será cuestión de tiempo, pero es difícil no sentirse observado cuando alguien entra en un supermercado sin mascarilla y está rodeado de personas que la llevan.

La pandemia nos ha cambiado a todos, pero respetemos la libre elección de llevar o no mascarilla. Normalicemos la libertad en cualquier ámbito de la vida.  

Theo García Otero

LA TRAMPA DE LA DEUDA EXTERNA

Ecuador se endeudó con petrodólares, y ha mantenido esta política -con una sola excepción- pese a incremento de tasas tras contracción de depósitos por ‘normalización’ del consumo suntuario árabe y menor demanda de petróleo.

Este gobierno amasa casi USD 10 mil millones en la Reserva y no da señales de querer salir de la trampa de la deuda externa al no generar un “colchón”, sugerencia casi protectiva del FMI, para una urgente inversión en educación; salud; mejoramiento de barrios pobres (Banco del Estado); rehabilitación social -con presupuesto insólitamente disminuido en $99 millones, mientras asistimos, inermes, a un inaudito escenario de muertos colgados en puentes en Guayaquil (P. Granda); escuelas que no abren por falta de infraestructura; provincias sin agua potable por tubería, siete de cada diez ecuatorianos que no acceden a canasta básica. Ninguna persona sensata quiere continuar con este poco humanista modelo, que amenaza la seguridad, dignidad y libertad de los ecuatorianos.  

Diego Fabián Valdivieso Anda

INSEGURIDAD CRECIENTE

Vivimos actualmente secuestrados por la inseguridad y el terror, permaneciendo confinados en nuestros domicilios cual la cárcel de Sing Sing del rocolero Alci Acosta, pidiéndole a dios en nuestras plegarias cotidianas no ser víctimas de los delincuentes y seres infernales que han invadido nuestro país y sociedad. Lo que hace tiempo atrás fue un oasis de paz, tranquilidad y mansedumbre, de un tiempo a esta parte se ha transformado en un escenario dantesco. Pienso que todo ello tiene su raíz no solo en los malos gobiernos que nos ha tocado soportar, sino a políticas equivocadas que han propiciado la permisividad de programas, normativas y estructuras que han dado carta blanca para el libre ingreso no solo de malos elementos por nuestras fronteras, sino a la implantación de ideologías importadas, que han calado hondo en una sociedad débil como la nuestra, que no ha podido contrarrestar el embate de hordas delincuenciales, además de una carente y deficitaria cultura elemental que nos permita distinguir entre lo bueno y lo malo. Debemos volver por nuestros fueros y pedir que las autoridades que deben velar por la paz y seguridad, provean de herramientas adecuadas de tipo educativo parar recuperar los valores y principios que alguna vez caracterizaron a la sociedad ecuatoriana.  

Rodrigo Celi Palacio