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Cartas al Director / 29 de septiembre de 2022

Buenos, malos, politizados, ingenuos, ignorantes

Del título, estos, y un sinnúmero más de calificativos pueden darse a las ONG creadas y existentes en el mundo. Parece que todo comenzó por la sensibilidad de unos pocos en países desarrollados que deseaban ayudar a los menos afortunados en el tercer mundo. Loable actitud que rápidamente tuvo una vía de escape y justificaciones para no pagar impuestos en países de origen; vía de dar fondos de los ideólogos para esparcir tendencias o políticas; quién sabe, inclusive, vías de lavar dinero del tráfico de drogas; y, como si esto fuera poco, también hay las ONG que a pretexto de reivindicaciones sociales, proveen de fondos a lobos vestidos de poncho que justificando y pagando movilizaciones se han enriquecido siendo sólo activistas de ONGs. Si aún existe control y criterio de ayuda en las direcciones de esas organizaciones de donación, deberían auditar el uso de los fondos que proveen y no pasar a engrosar la lista de los malos, ingenuos e ignorantes donadores.

Cabe, por último, la pregunta: que hace nuestro Gobierno para controlar el origen de fondos y como se invierten en el país; y, si los que reciben los administran adecuadamente en beneficio de los que menos tienen y no sólo crean fortunas mal habidas. 

Marcelo Gallo Gallegos

Vivir la filosofía “lagom”

El término sueco lagom no tiene traducción exacta a otros idiomas, se entiende como: “lo suficiente” o “en su justa medida” o “ni mucho ni poco”, siempre en referencia a vivir en equilibrio. Se dice que la sociedad sueca es una de las más felices del planeta, y que, sin duda, se debe a la filosofía lagom que practica y que viene perfeccionándola a través de los tiempos. Propugna el placer de compartir y la moderación para alcanzar el bienestar y la felicidad. No olvidan disfrutar del tiempo con sus seres queridos. En una entrevista realizada por Víctor M. Amela (periodista y escritor español) a Mousassa Assarid, nómada tuareg (Mali, entre Gao y Tombuctú), estudiante de la Universidad de Montpellier (Francia), este habría dicho que, siendo un curioso infante aún, recibió el libro “El Principito” como obsequio de una periodista que cubría el rally París-Dakar que cruzó el poblado. Sin embargo, como no sabía leer, al despedirla se prometió aprender. Más tarde, fue a la escuela y obtuvo una beca para estudiar en la ciudad grande. Al final de la entrevista, es relevante lo dicho por Assarid: “aquí la gente corre por nada, en el desierto por la tormenta; aquí las fuentes derraman agua, allá soñamos con ella; aquí tienen reloj, nosotros tenemos el tiempo. ¡Allá, nadie se adelanta a nadie para llegar a ser, porque cada uno ya es!” Estas dos visiones, aunque distantes geográficamente, coinciden -creo yo- en el hecho de haber conceptuado una filosofía para el desarrollo de su vida. Es imperativo que nos miremos en el comportamiento de esas sociedades, y nos decidamos por una filosofía de vida que nos encamine al equilibrio y la armonía, tan necesarias en estos tiempos de errático rumbo y violencia social que vivimos.  

Leonardo Cueva Piedra