6 de diciembre de 2018 00:00

Fin al estancamiento

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Mauro Terán Cevallos

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Continuamos sometidos a la Constitución correista de Montecristi, que es la carta magna del totalitarismo, que nos fue impuesta por una mayoría fulminante de fanáticos correistas. Se instituyó un presidencialismo absoluto, totalitario, despótico e impune, es decir, retrocedimos en democracia y transparencia, aunque se creó la Función de Transparencia y Control Social, que es justamente la herramienta del totalitarismo. Montecristi nos sumió en el más escandaloso retroceso institucional y al borde del descalabro económico y social. Estamos estancados entre la ira y la esperanza, sin poder reivindicar ninguna acción moralizadora, pues el laberinto normativo que impuso la Constitución de Montecristi, ampara la impunidad, impide la moralización y salpica la democracia.

Estamos claros en que la Constitución de Montecristi es totalitarista y por tanto retrógrada y letal para la república, pero no hay consenso para una Asamblea Constituyente, más bien hay un temor inexplicable, porque si existe una salida digna y democrática. Ya se escuchan muchas voces sensatas y patriotas que se han pronunciado sobre la posibilidad de aprovechar, la futura etapa electoral, para realizar una consulta popular o referéndum para poner en vigencia la Constitución de 1998, sin duda la mejor de nuestra vida republicana.

Es viable esta propuesta que, por ser inédita, no requiere de ningún informe ni autorización del actual orden, solo de la voluntad popular. La clave está en la transición, para lo cual se podría facultar al Ejecutivo, proponente, para que en un término de 18 meses, extensible a 24 meses, consolide la transición con el aporte de dos Comisiones Jurídicas: A) una Comisión Jurídico-Legislativa que expida, reforme o derogue las normas necesarias; y, B) una Comisión Jurídico-Constituyente que elabore reformas a la Constitución de 1998 para flexibilizarla, dinamizarla en función de un presidencialismo moderno y debidamente controlado. En todo caso el tiempo y la paciencia apremian. 

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