29 de diciembre de 2018 00:00

Fuimos, somos y seremos

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Fernando Esparza Dávalos

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Sí, hay días en que se va la vida, así de a pedazos, en realidad son dolencias, mortificaciones internas, enfermedades, traiciones, desengaños y vemos que ese cuerpo otrora fuerte y desafiante, permisivamente alegre y guiñador se viene desplomando. Uno naturalmente se retiene, se agarra a la pupila que dibuja el recuerdo, ahí están todos los logros, los aciertos, las cosas que nos salieron diez, hechos más que palabras, que nos dieron triunfos y por supuesto sonrisas, abrazos, nuevos terrenos para abrir sueños. Ojo, estoy hablando de cosas que tienen que ver con el bien, con el servicio, absolutamente lícitas, no empañadas por lo inmoral o el saqueo. Cosas que hasta pueden ser ejemplares, dignas de imitación, contribuyentes a esa sed gregaria que acompaña al hombre. Y, claro, nos alzan el ánimo. Sin embargo el peso de ciertas dolencias por momentos parece estropearlo todo y además como que estamos cansados y lentos. Sí, la lentitud es una característica que empata con ese momento, ese pesado tiempo de desconsuelo llamado “flojera conductual”. Vida que cobra dolor a la existencia y es cuando estamos por algún motivo con una actitud pesimista, que nos quiere llevar para la sima, para abajo hasta desaparecer. Pero ahí están los libros, l los hechos: Cervantes abrazando su adarga para irse contra los molinos de viento, el cardenal Mercier diciéndonos “Vivre c’est agir”. Sí, vivir es sacudirme del entumecimiento. Pero hay una condición para este restablecimiento y es el que el hombre en su lucha, como dice San Pablo haya dado una buena batalla a favor del bien. Feliz Navidad y un lindo 2019.

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