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Caos e irrespeto

Alfonso E. di Donato Moncayo

El tráfico en Quito es un caos sin solución. La proliferación de motoristas; la congestión por el incremento de vehículos livianos y la contaminación ambiental que ha rebasado todos los límites, hacen que el panorama sea catastrófico. Los motoristas se han convertido en azote incontrolable, pues por centenares, rebasan en calles y avenidas, zigzagueando vertiginosamente por derecha e izquierda de los demás vehículos. Irrespetan las zonas cebras; invaden inclusive aceras para evitar semáforos, supuestamente, para llegar más pronto a sus destinos.

No respetan a los transeúntes. Hay motos sin placa de identificación y sin silenciadores en los escapes, causando ruido insoportable, a vista y paciencia de la Policía Metropolitana. Aun siendo vehículos pequeños, sus conductores no pueden irrespetar lo que sí respetamos los demás. Los choferes de buses de transporte urbano hacen lo que les viene en gana. Son dueños de las vías de circulación por las que conducen agresivamente.
No respetan semáforos ni a transeúntes ni a pasajeros. Siguen con la malhadada costumbre de la “timbrada” en su recorrido, lo que les incita a convertir a calles y avenidas en vías de velocidad ante la indiferencia de la Policía Metropolitana.
Los taxistas también han impuesto su ley. Prestan el servicio cuando ellos quieren y deciden llevar o no a los ciudadanos que requieren de su servicio. Señor Alcalde, mucho éxito en su gestión.