15 de abril de 2019 00:00

16 de abril de 2016

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Javier Lasso Flores

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Una fecha que Ecuador no olvidará, pues a las 18h58 se produjo un terremoto que cobró la vida de cerca de 700 personas. Esta catástrofe evidenció la vulnerabilidad a la que el país está expuesto y la necesidad de contar con un plan de gestión de riesgos que considere el factor de resiliencia.

La respuesta solidaria de la ciudadanía ante esta tragedia no se hizo esperar pues en varias ciudades existió una auto-convocatoria para formar centros de acopio y distribución de víveres, vituallas, medicinas, ropa, al tiempo que se formaron equipos de voluntarios liderados por el Cuerpo de Bomberos tanto de Quito como de Guayaquil.

Lamentablemente existe otra cara de la moneda, pues el terremoto fue el motivo perfecto para justificar una crisis cuya causa fue la ineficiencia pero que fue disfrazada por el terremoto y que trajo consigo grandes cuestionamientos.

Existe una frase que pasará a la historia por la miseria y el desprecio con la que fue pronunciada: “Aquí nadie grita o lo mando detenido”. Estas palabras no fueron pronunciadas ante manifestantes u opositores, sino ante damnificados que clamaban por ayuda y por agua.

Esta frase demuestra la prepotencia y el ultraje contra los damnificados. Mencionar quien lo pronunció es innecesario pues la nación entera recuerda al individuo generador de conflicto, capaz de atacar a los damnificados. 

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