Texto y contexto crítico

Texto y contexto crítico es un espacio de ideas libres sobre la política nacional. Otros artículos del autor: http://bit.ly/jImbaquingo

Jorge Imbaquingo

Jorge R. Imbaquingo

Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Central. Knight Fellow Stanford University 2012. Es periodista desde hace 23 años. Colabora con el Grupo EL COMERCIO desde el 2016 como Editor de Ciudad. Actualmente ocupa el cargo de Editor Político.

De la publicación de libros a la creación de nuevos cuadros

El Consejo Nacional Electoral (CNE) entregó el fondo partidario a ocho organizaciones políticas. Un total de USD 3’ 889 778 fueron entregados. De alguna forma es un testimonio de cómo la sociedad civil pretende activar la organización democrática del país a través de los partidos políticos, que garanticen la idea de que el poder no debe ser monopólico, sino que debe tener estamentos en los que los diferentes pensamientos e ideologías puedan estar representadas.

La Constitución del Ecuador determina que el Estado debe financiar dos rubros a los partidos políticos. Por una parte, sus campañas electorales; y, además, un llamado fondo partidario. Así lo contempla el artículo 219 de la Carta Constitucional del Ecuador. Allí se establece que el CNE sea el organismo encargado de ejecutar y controlar el gasto que hagan estas organizaciones de los rubros entregados por el Estado.

Si bien los partidos entregan un reporte anual sobre cómo se emplean esos fondos, queda la sensación de que las organizaciones políticas no tienen el suficiente interés de mostrar cómo se utilizó ese dinero. La ley dice que 70% de los recursos del fondo partidario se debe utilizar para formación de cuadros nuevos, investigación, publicaciones y funcionamiento institucional. Pero no les haría daño publicar en sus sitios web institucionales el uso de esos rubros.

En una nota publicada por este Diario, Elena Nájera, consejera electoral, es crítica sobre el uso de este fondo para hacer libros “¿de qué han servido a la sociedad esas publicaciones? ¿En qué han aportado?”, se preguntó Nájera. Seguramente, en las palabras de la consejera se plasman algunas de las valoraciones de los ciudadanos de a pie, que ven en el financiamiento de los partidos políticos un gasto innecesario, sobre todo en tiempos de pandemia y de una crisis sistémica en la que cada dólar del erario público es sagrado.

En cierto sentido, el foco de los partidos debería estar puesto en la consolidación de los nuevos cuadros, algo que les permitiría dejar de regresar a los ojos a los llamados “talentos de pantalla” o a adherentes que, una vez que llegan a la posición para la que postularon se apartan, se desafilian, y actúan libremente. Porque esas posiciones llaman a crear un efecto búmeran, puesto que las personas dejan de ver con buenos ojos a estas organizaciones y el resultado es la proliferación de partidos y movimientos, muchos creados desde necesidades concretas, algunas efímeros, y otras de corte populista (y en eso tenemos mucha experiencia como país).

Si no existe una transparencia adecuada del uso del fondo partidario, -insisto- más allá de los informes entregados al CNE, no habrá forma de quitar del imaginario popular la idea de que la concepción sartoriana de partido político como entidad por la que los ciudadanos interactúan con el gobierno es apenas una mera declaración de buenas intensiones y no una realidad posible y ya pues, “mejor hagamos nuestro propio movimiento”; o, peor aún… “no me meto ni digo nada de política, porque no, porque simplemente no”.