Texto y contexto crítico es un espacio de ideas libres sobre la política nacional. Otros artículos del autor: http://bit.ly/jImbaquingo
Jorge R. Imbaquingo
Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Central. Knight Fellow Stanford University 2012. Es periodista desde hace 23 años. Colabora con el Grupo EL COMERCIO desde el 2016 como Editor de Ciudad. Actualmente ocupa el cargo de Editor Político.

¿Somos los ecuatorianos tan políticos?

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Miércoles 12 de febrero 2020

Una de las distorsiones que vive el sistema democrático del país es la idea de que muchos partidos y movimientos crean una mejor democracia. Se la asocia a la de la participación amplia. Pero vistas las consecuencias, la participación amplia es apenas un sofisma.

Ecuador retornó a la democracia en 1979, tras nueve años de una dictadura civil en un primer tramo, y luego dos dictaduras militares. Al final de esa etapa oscura del país se hicieron tres comisiones, una que elaboró una constitución nueva, otra que reformó la constitución de 1945 y una tercera que elaboró una Ley de Partidos Políticos que para viabilizar el orden democrático.

La comisión de Partidos estuvo liderada por Osvaldo Hurtado. En una entrevista del año anterior, Hurtado aseguró que no estaba pensada para crear un bipartidismo, sino que estaba orientada a que las principales corrientes estuvieran representadas. Eso funcionó -dice Hurtado- hasta que una interpretación de la Corte Suprema de Justicia declaró inconstitucional parte de esa ley (la Constitución hablaba de cocientes y la ley de porcentajes) permitió que partidos eliminados fueran re inscritos en 1983.

Medardo Oleas, expresidente del Tribunal Supremo Electoral, asegura que ese fue el punto de quiebre para la proliferación de partidos. Luego, vino otro momento clave, cuando en 1995 una consulta en el gobierno de Sixto Durán-Ballén hizo posible la participación de los independientes, lo que implicó la llegada de los movimientos que se jugaban la carta de ser apolíticos. En 1997 una consulta popular dio la posibilidad de votar entre listas.

Si se agrega que con la constitución de 2008 el Estado financia campañas, el resultado es la proliferación de partidos y movimientos. Ahora hay 283, cuatro aprobados la semana pasada, y en lista de espera están 89 más. La pregunta: ¿somos los ecuatorianos seres políticos como para seguir aprobando más organizaciones? Y por último ¿por qué los partidos y movimientos no sacan ni el 20% de votos si se inscriben con miles y miles de firmas?