Texto y contexto crítico es un espacio de ideas libres sobre la política nacional. Otros artículos del autor: http://bit.ly/jImbaquingo
Jorge R. Imbaquingo
Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Univeridad Central. Es periodista desde hace 21 años. Colabora con el Grupo EL COMERCIO desde el 2016 como Editor de Ciudad. Actualmente ocupa el cargo de Editor Político.

Una pésima novela de humor negro

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Martes 25 de septiembre 2018

¿Qué habría pasado si entre las prioridades del Consejo de la Judicatura Transitorio se hubiese planteado como primera tarea evaluar a los jueces de la Corte Nacional de Justicia (CNJ)? Habría ganado tiempo y habría logrado uno de los pasos más importantes en el periodo de la transición: ir a fondo con la CNJ.

En una entrevista con este Diario, Angélica Porras, consejera transitoria de la Judicatura, explicaba que, desde su posesión, los jueces de la Corte Nacional de Justicia no han sido evaluados. Por eso decía que era necesario evaluar a esos magistrados.

Sin embargo, el Consejo de Participación y Control Social (Cpccs) transitorio se reunió y dispuso que esa tarea solo la podría asumir el nuevo Consejo de la Judicatura, que en el mejor de los casos podría posesionarse en diciembre.

Ayer, un comunicado de un grupo que tiene juicios en la CNJ por el 30-S, pedía públicamente la evaluación de estos jueces y aseguraban que ese proceso no podía detenerse. En definitiva, decían que como la mayoría de los funcionarios cesados en este tiempo de transición, la CNJ no habría tenido independencia con el anterior Régimen.

Los magistrados de la CNJ, como todos los ciudadanos, merecen que la opinión pública no elabore juicios de primera mano, que si van a ser evaluados tengan parámetros justos y que no se hagan generalizaciones, primero sobre su legitimidad de origen, y segundo sobre sus actuaciones en la administración de Justicia. Por eso, esperar a su evaluación a cuando se posesione el próximo Consejo de la Judicatura, lo único que logra es que crezca la desconfianza en esa institución.

Además, para agregar un toque de suspenso innecesario, como en una pésima novela de humor negro, la CNJ tiene que enviar una terna para elegir a los nuevos consejeros de la Judicatura. Ante este intríngulis jurídico-político-novelesco, cabe el recurso retórico de reavivar la pregunta planteada al inicio de esta columna: ¿Qué habría pasado si la Judicatura evaluaba a la CNJ desde el inicio?