Texto y contexto crítico es un espacio de ideas libres sobre la política nacional. Otros artículos del autor: http://bit.ly/jImbaquingo
Jorge R. Imbaquingo
Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Univeridad Central. Es periodista desde hace 21 años. Colabora con el Grupo EL COMERCIO desde el 2016 como Editor de Ciudad. Actualmente ocupa el cargo de Editor Político.

Las elecciones y los ratones de laboratorio

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Martes 20 de noviembre 2018

En una entrevista publicada este domingo en este Diario, el catedrático Simón Pachano, experto en partidos políticos, destacaba la necesidad de fortalecer a estas organizaciones como una forma de mejorar la calidad de la democracia en el país. Sin embargo, ese proceso aparece lejano por varias razones.

La primera, porque es un debate que se inicia cada vez que se acerca un proceso eleccionario, como pasa en estos días, ya que mañana el Consejo Nacional Electoral convocará a elecciones seccionales para el 24 de marzo.

Pero una vez que se dan los resultados en números de votos, que es al parecer lo único que preocupa a los políticos, esa discusión de cómo mejorar la democracia se esfuma hasta cuando sea necesario desempolvar las banderas.

Una reforma de los partidos políticos tiene un contrapunto: los mismos partidos. Si se permitió que los movimientos tomaran protagonismo es porque los ciudadanos clamaban por un cambio de este modelo en que partido político era sinónimo de oportunismo, componenda, corrupción y olvido. Así, los movimientos resultaban la contrapartida. Sin embargo, a decir de Pachano, los movimientos terminaron como maquinarias electorales, como los partidos.

Por eso cree que la única salida es que haya un acuerdo nacional para mejorar la calidad de los partidos. Por ello les recomienda que no tomen a las elecciones seccionales como un termómetro de su labor.

Esta es una visión del deber ser, propia de la academia, de una visión más estructural y quijotesca del sistema electoral. En las ciudades, las alianzas y las cooptaciones de candidatos, la conversión de figuras de pantalla en políticos para completar listas se han movido frenéticamente. Los partidos, sus estrategas, las cabezas visibles ven a esta elección como un ensayo que les permitirá alinear sus alfiles en las elecciones presidenciales del 2021.

En términos democráticos, esa dicotomía ser-deber ser es siniestra. En ella, los votantes apenas parecen ratones de laboratorio.