Solo para empresas y emprendedores

Es una columna que analiza la situación y los desafíos de las empresas, las pymes y los emprendimientos en el contexto económico ecuatoriano e internacional. Otros artículos del autor: http://bit.ly/xBasantes Twitter: @XAVIERBAS

Xavier Basantes

Xavier Basantes

Lic. en Comunicación, U. Central. Posgrado en periodismo en U. Andina y diplomado en gestión empresarial del Tec de Monterrey. Periodista económico. Del 2009 - 2016, Editor de LÍDERES. Exeditor de El Comercio TV; ahora Macroeditor de Proyectos Multimedia.

La necesidad urgente de tener una agenda de competitividad

Una de las grandes deudas que deja el gobierno de Lenín Moreno es la falta de una agenda de competitividad. Si bien hubo anuncios, nunca se concretó ese propósito.

Pocos meses después de asumir el poder (mayo, 2017), el Ejecutivo invitó a los empresarios a conformar lo que en ese momento se denominó el Consejo Consultivo, Productivo y Tributario. En esa instancia se barajaron más de 700 propuestas relacionadas con desarrollo económico y competitividad.

Sin embargo, al finalizar esa etapa de diálogo, los gremios salieron descontentos porque no se tomaron en cuenta todas sus propuestas; a cambio, el Ejecutivo les ofreció crear una Mesa de Competitividad. Al final esa idea no prosperó y, por el contrario, el Gobierno trabajó en una Ley de Fomento Productivo que incluyó incentivos para las nuevas inversiones. Corría el 2018 y en reciprocidad, delegados de un centenar de empresas, en un evento en Guayaquil y luciendo elegantes sombreros de paja toquilla, se comprometieron en invertir USD 9 400 millones en 48 meses. Las expectativas, al final, no se cumplieron.

Con la llegada de un nuevo vicepresidente (Otto Sonnenholzner), en enero del 2020, se intentó de nuevo armar esa Mesa de Competitividad -por presión del sector productivo-, pero la pandemia terminó por afectar esta iniciativa.

La urgencia de contar con esa agenda no solo es un saldo pendiente del Gobierno que termina. Desde la dolarización (2000), el país demanda una hoja de ruta en competitividad para impulsar su desarrollo industrial y atraer divisas.

Ahora es imprescindible que la nueva administración gubernamental se tome en serio el tema porque la reactivación pospandemia y la realidad lo exigen.

A eso se añaden otras consideraciones. La Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), acaba de publicar el estudio ‘Educación superior, competitividad y productividad en Iberoamérica’. Allí se menciona que en América Latina la productividad ha disminuido en los últimos 50 años y es baja en todos los sectores. El problema está en cuestiones como la debilidad institucional del entorno productivo, la alta informalidad del mercado de trabajo, que en toda la región afecta a alrededor del 50% de los empleados, y el desempleo juvenil, incrementado por la irrupción de la pandemia, señala el documento.

Entre las tres prioridades planteadas por el nuevo Ministro de Producción, Comercio Exterior, Inversiones y Pesca consta promover la competitividad y el desarrollo industrial. Uno de los principales sectores que apuntan a ese objetivo es el agroalimentario. La pandemia demostró que este sector, que aporta con el 13% en el PIB, es un puntal y a partir de su fortalecimiento, su contribución puede ser mayor en la generación de empleo y atracción de divisas.

La llegada de un Gobierno es la oportunidad de corregir errores y trazar agendas con objetivos concretos. No cabe la improvisación o el cálculo político. Si Ecuador quiere insertarse en el mundo, no hay que desaprovechar este nuevo momento. La agenda es urgente.