Es una columna que analiza la situación y los desafíos de las empresas, las pymes y los emprendimientos en el contexto económico ecuatoriano e internacional. Otros artículos del autor: http://bit.ly/xBasantes Twitter: @XAVIERBAS
Xavier Basantes
Lic. en Comunicación, U. Central. Posgrado en periodismo en U. Andina y diplomado en gestión empresarial del Tec de Monterrey. Periodista económico. Del 2009 - 2016, Editor de LÍDERES. Exeditor de El Comercio TV; ahora Macroeditor de Proyectos Multimedia.

Aspiraciones salariales: expectativa vs. realidad

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Sábado 15 de diciembre 2018

Todo apunta a que este año, por las reuniones que se han dado hasta ahora, no habrá un acuerdo en el alza salarial para el 2019. Ante ello, la definición del nuevo salario básico unificado recaerá en manos del Ejecutivo, por el desacuerdo entre empleadores y trabajadores. Los representantes sindicales aspiran obtener al menos USD 20, mientras que la propuesta empresarial es mucho menor.

La inflación, por su decrecimiento, prácticamente ha dejado de ser una variable fundamental en la fijación del aumento. En los últimos tres años se han tomado en cuenta las proyecciones de crecimiento económico; aunque al final, el componente político tiene la última palabra en esa definición.

La fijación del aumento de la remuneración básica, al ser un asunto tan sensible, no debería ser tratado al final del año y en medio de ese apuro, establecer una cantidad.

Además, sobre la mesa de análisis debieran estar datos relacionados con el desempeño y, ante todo, la productividad, con base en indicadores geográficos, de temporalidad y por rama de actividad. Y todo esto, en un contexto de realidad económica del país.

Más allá de este ‘deber ser’ del alza salarial, desde la óptica del trabajador siempre faltarán los recursos para poder mejorar su estilo de vida. Consecuentemente su poder adquisitivo es menor y por ello no contribuye a impulsar la reactivación económica.

Por el lado de las empresas, el salario representa uno de los mayores costos de producción y mientras no se aprueben reformas laborales (en un entorno de baja demanda), no se justifica un incremento en la proporción que aspiran las organizaciones sindicales. Hay incluso quienes consideran que el aumento para el 2019 debiera ser de un dólar máximo.

Más allá de que sea uno o 20 dólares, el país requiere políticas urgentes que incentiven la producción y el consumo. Este eje debiera ser parte del tan esperado plan económico que, transcurridos 18 meses del Gobierno, aún se espera, pese a que el Ejecutivo afirma que ese plan consta en la Ley de Fomento Productivo.