Un espacio para hablar del bienestar que genera la práctica del ejercicio y la alimentación saludable en nuestro día a día. Aquí no hay espacio para solo el atún y la lechuga.
Paola Gavilanes
Licenciada en Comunicación Social por la U. Central del Ecuador. Colabora con Grupo EL COMERCIO desde el 2007. Trabajó en la sección Deportes, Tendencias y Construir. Ahora escribe sobre BIENESTAR. Deportista aficionada y amante de la comida hecha en casa.

Con el Quilotoa en las venas

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Jueves 12 de noviembre 2020

Después de leer algunas reseñas sobre la laguna del Quilotoa finalmente me animé a visitarla. ¡Qué espectáculo! Está ubicada al suroriente de Quito y para observar todos los colores que toma el agua en el transcurso del día es necesario llegar bien temprano y quedarse hasta el final: las 18:00 es un buen momento para retornar.

Yo salí de casa a las 08:00 y estuve en ese mágico destino luego de casi cuatro horas. ¡El viaje! Desde el inicio estaba previsto circunvalar la laguna, así que a pesar de la hora y del tiempo estimado por las personas del lugar -de 4 a 6 horas- respeté la planificación.

Eso sí, antes de arrancar con la aventura me detuve en el primer mirador (Quilotoa) para disfrutar de esa agua color turquesa.  

Tengo la postal grabada en mi mente. Así que cuando necesito desconectarme del trajín diario solo cierro los ojos y ahí estoy, parada frente al Quilotoa.

Si me concentro, les prometo que puedo sentir la brisa y el olor que se desprende de unos pinos enormes, sembrados al inicio y al final de la ruta de trail.

Ahora sí, ¿por la derecha o por la izquierda? Con la mirada puesta en la laguna me animé por la ruta que estaba a mi mano izquierda. En días concurridos como el sábado y domingo –por ejemplo- es preferible arrancar por ahí para evitar parones innecesarios, pues por el lado apuesto la gente desciende para llegar a un segundo mirador.

La ruta de trail está perfectamente señalizada y, aunque la visité un fin de semana, estuvo totalmente despejada. En el camino me crucé con alrededor de 20 personas.

La mayoría portaba mascarilla o se la colocaba antes de dicho encuentro. Eso también hice yo para disfrutar a plenitud de la naturaleza. En el letrero de bienvenida decía 12 kilómetros, pero según mi reloj fueron cerca de 11.

Los recorrí en alrededor de 3 horas. Me desaté en los planos (risas) para relajar a las piernas luego del esfuerzo que significó trepar por montañas de piedras bastante empinadas.

Ese es el único camino que conduce a los visitantes al pico más alto del cráter, ubicado a 3930 metros sobre el nivel del mar.

En ese momento es justo y necesario detenerse para, primero, recobrar el aliento y después para tomar más fotos. Eso es, precisamente, lo lindo de esta disciplina. Descubres lugares maravillosos y puedes capturarlos con un solo clic.

Si tienen tiempo, siéntense un ratito para también disfrutar del silencio, tan necesario cuando la gente que nos rodea solo sabe gritar y patalear para comunicarse. ¡Qué paz!

La laguna del Quilotoa está ubicada al suroriente de Quito. Los visitantes puede acampar, cumplir con la ruta de trail o visitar los miradores. Foto: Paola Gavilanes

La laguna del Quilotoa está ubicada al suroriente de Quito. Los visitantes puede acampar, cumplir con la ruta de trail o visitar los miradores. Foto: Paola Gavilanes

¿Qué necesitan para recorrer los 11 kilómetros? La lista es cortita, pues se trata de una aventura fácil de completar: zapatos apropiados, hidratación, ‘buff’ o mascarilla, gorra, protector solar y algo para picar. Algunas personas van con bastones, pero personalmente no los necesité.

Aquí entre nosotros les cuento que olvidé alistar mis zapatos el día anterior. No los encontré y al final opté por los de asfalto. No se los recomiendo. Se resbalan demasiado y la única opción que encontré para mantenerme dentro de la ruta fue sostenerme de algunas ramas.

Otra recomendación valiosa, me parece, es analizar la ruta el día anterior. Así podrán salir con el suficiente tiempo como para evitar al sol de mediodía, en media aventura.

Despreocúpense de la comida. Alrededor hay varios restaurantes que ofrecen deliciosos platillos y que, sobre todo, mantienen medidas de bioseguridad. Yo me pedí un locro de papas y una trucha asada con más papas. ¡Me lo merecía!

¿Conocen la laguna?, ¿qué planes tienen para lo que resta del año? Les cuento que tengo muchas ganas de ir al Cotopaxi, pero a la cumbre. La idea apareció a inicios de año, pero tengo miedo. Una escaladora me dijo que la montaña me llamará cuando sea el momento. Espero que ese día llegue pronto.

Los leo en [email protected]