Respirando Bienestar

Un espacio para hablar del bienestar que genera la práctica del ejercicio y la alimentación saludable en nuestro día a día. Aquí no hay espacio para solo el atún y la lechuga.

Paola Gavilanes. Blog Respirando Bienestar

Paola Gavilanes

Licenciada en Comunicación Social por la U. Central del Ecuador. Colabora con Grupo EL COMERCIO desde el 2007. Trabajó en la sección Deportes, Tendencias y Construir. Ahora escribe sobre BIENESTAR. Deportista aficionada y amante de la comida hecha en casa.

¿Solo lechuga y atún?, ¡qué mala idea!

Una dieta balanceada y la práctica de ejercicio influyen en el estado de ánimo de las personas. Foto: Ingimage

Una dieta balanceada y la práctica de ejercicio influyen en el estado de ánimo de las personas. Foto: Ingimage

Las redes sociales están saturadas de imágenes de mujeres con cuerpos perfectos: abdomen marcado, glúteos firmes y pechos en su sitio. A la mayoría de ellas les acompaña una fotografía en la que muestran los componentes de su almuerzo: un filete de pescado, un puñado de lechuga y una pizca de arroz integral -estoy exagerando, pero les falta poco para decirnos "y complementamos esta comida con 10, 15, 20 granos de arroz". Y nosotras, que casi siempre nos vemos con unos kilitos extras -aunque estemos perfectas- frente a nuestro espejo les seguimos el juego.

Lo hacemos sin darnos cuenta de lo perjudicial que eso le puede hacer a nuestra salud. Yo cometí ese error y lo hice aun conociendo de nutrición tras mis múltiples conversaciones con expertos en esa rama. Excluí de mis tres comidas fuertes -desayuno, almuerzo y merienda- todos los carbohidratos, un macronutriente indispensable en la dieta diaria al igual que las proteínas y las grasas. Esos se encargan de llenarnos de energía para el cumplimiento de todas nuestras actividades.

Hace cuatro años -2016- mi desayuno consistía en dos claras huevos y una taza de café. ¿Y los carbohidratos?, ¿y las grasas? Los excluí, al igual que a mi energía –esto se traduce en falta de fuerza, dolor de cabeza, cansancio y más-.

En el almuerzo comía una lata de atún y un tomate. En la media tarde una taza de y un paquete de tostadas, mientras que en la cena le añadía a mi dieta una tortilla de huevos, obviamente sin yemas.

Comía todo eso luego de dos horas de ejercicios. ¿Los resultados? Tras casi un año de excluir grasas y carbohidratos -con varias trampitas- quedé reflaca. Mi peso promedio siempre ha estado entre las 120 y 125 libras (mido 1.65 metros). Luego de esa experiencia quedé en las 110. Jamás me vi como las 'influencers' y adivine la razón: fácil, perdí más masa muscular que grasa.

Tuve que comprar nueva ropa y finalmente visitar a un deportólogo y nutricionista, pues mi objetivo era continuar con mis aficiones: levantar peso en el gimnasio y sumar kilómetros sobre el asfalto o en la montaña.

La nutricionista incluyó carbohidratos y grasas en mi dieta diaria, macronutrientes que incluí poco a poco. La cantidad me sobrepasaba, así que esa fue la solución más funcional para mí. Ahora, entreno y seguramente estoy comiendo más carbohidratos de los estipulados por mi especialista. Eso pasa porque con el tiempo empiezas a conocerte y según la necesidad ingieres los alimentos. Aún así creo que las visitas periódicas al nutricionista son importantes para conocer los avances y evitar enfermedades.

PD: Estoy en las 127 libras.

¡Que tengan un linda semana, nos leemos pronto!

Una dieta balanceada y la práctica de ejercicio influyen en el estado de ánimo de las personas. Foto: Ingimage