Respirando Bienestar

Un espacio para hablar del bienestar que genera la práctica del ejercicio y la alimentación saludable en nuestro día a día. Aquí no hay espacio para solo el atún y la lechuga.

Paola Gavilanes

Paola Gavilanes

Licenciada en Comunicación Social por la U. Central del Ecuador. Colabora con Grupo EL COMERCIO desde el 2007. Trabajó en la sección Deportes, Tendencias y Construir. Ahora escribe sobre BIENESTAR. Deportista aficionada y amante de la comida hecha en casa.

¡Quéjate menos y agradece más!

“Debo estar – al menos- tres semanas hospitalizada, en una habitación hecha con los mínimos detalles para evitar cualquier infección en ese periodo. Toy guardada. No pueden visitarme, solo entran médicos y enfermeras, y con trajes especiales. Sé que puede sonar feo, eso de estar aislada, pero es por un bien mayor, mi recuperación”.

Ese es el extracto textual de una pequeña charla que tuve con una amiga la semana pasada. Le pedí permiso para compartirlo en mi blog porque sé que ahora mismo alguno de ustedes se pregunta “¿por qué a mí?”.

Los seres humanos estamos hechos de un material más fuerte que el acero, como el de mi amiga, pero con frecuencia nos derrumbarnos con pequeños problemas. Hay gente que reniega hasta del clima.

Cuando recibí el mensaje de mi amiga, yo lidiaba con una lista de problemas minúsculos. ¡Me avergoncé! Ella -en su cama- sonreía por la chance de contar con una ventana para observar el cielo. Me contó que a través de ese cristal también veía flamear la bandera de los Estados Unidos. Estaba agradecida.

A veces solo es necesario regalarse unos minutos para ordenar ideas, canalizar energías, y para darnos cuenta de que somos bendecidos. Las personas tenemos una capacidad única para enfrascarnos en las cosas malas, en lugar de apreciar las buenas. Si nosotros y nuestros seres queridos gozan de buena salud, si tenemos un trabajo, a una persona que se desviva por nosotros, amigos extraordinarios, si podemos hacer lo que más te gusta, agradezcamos

Mi amiga -hospitalizada en Solca- agradece por estar en ese lugar. Esperó con ansias una cama para continuar con su tratamiento, el mismo que más tarde le permitirá volver a casa y abrazar a su esposo e hija; estoy segura de que es lo que más anhela en el mundo.

¿Cuántos de nosotros podemos ahora mismo apapachar a nuestro hijo, novio, mamá, papá, y simplemente no lo hacemos? Me viene a la mente el famoso adagio popular que dice: ‘Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde’.

No esperemos que pase algo para reconocer los afortunados que somos, para valorar la vida. Los días grises siempre existirían; son inevitables. Son los que nos sacuden, pero también los que nos fortalecen.

Yo soy tan humana como la mayoría de ustedes, pero poco a poco intento ser como mi amiga. No me va tan mal. Para afrontar esos días oscuros me aferro a las cosas lindas que me han pasado a lo largo de la vida; son muchísimas. Son mi fuente de energía.

Mientras escribía este blog gotitas de lluvia se deslizaban por mi ventana. Era una tarde como para hacerse bolita debajo de las cobijas, pero puse buena música, me preparé una taza de café y decidí que será un día para cumplir con todos los pendientes.

Por ahí escuché que nosotros tenemos la capacidad de pintar el día con el color preferido. Yo lo pinté de naranja. ¿Con qué tono colorearon su día?

Los leo en pgavilanes@elcomercio.com