Pulso de la ciudad

Es una columna donde se analizan y destacan los temas que preocupan al ciudadano común. Otros artículos del autor: http://bit.ly/aEusse

Agustín Eusse

Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Central del Ecuador. Es periodista desde 1991. Colabora con el Grupo El Comercio desde el 1994 y se ha desempeñado en diversos puestos desde entonces. Actualmente ocupa el cargo de Editor de Ciudad.

Quito no se merece que lo maltraten

Cinco meses han pasado desde que la Empresa Metropolitana de Aseo de Quito se declaró en emergencia, debido a la grave crisis de la recolección de basura, y no hay visos de solución.

El complejo tema, que de un momento a otro puede transformarse en un grave problema sanitario para la capital, debió tratarse en la sesión ordinaria del Concejo del jueves pasado. Pero los ediles no permitieron que el gerente de Emaseo, Juan Neira, informe sobre la situación del proceso de contratación de la nueva flota y optimización del sistema de recolección de residuos.

La posición de la mayoría de concejales fue tajante: quien debe dar cuentas sobre la crisis de Emaseo es el alcalde, Mauricio Rodas, que no acudió a la sesión. En su remplazo estuvo el vicealcalde opositor, Eduardo del Pozo. De lo que se conoce hasta ahora luego de la declaratoria de emergencia del 16 de febrero, la única acción que ha tomado la empresa de Aseo es la contratación de volquetas para la recolección.

Esta pendiente aún saber cómo avanza la recuperación de la flota que permanece en los talleres, específicamente cuál es el destino de los 35 recolectores que fueron deshuesados entre los años 2014 y 2017.

Pero más allá de los reclamos y pedidos de fiscalización sobre la gestión de Emaseo, esta falta de liderazgo del cuerpo edilicio no permite que se barajen alternativas y acciones concretas no solo para enfrentar la crisis de la basura sino también en aspectos cruciales como la regularización de los taxis y el mejoramiento de la calidad del servicio de transporte público.

Lo único evidente es que entre el Alcalde y un grupo mayoritario de concejales existe una situación tensa y difícil cuyo resultado suma otro bloqueo más a la ciudad. Esta crisis de gobernabilidad más bien debe ser una oportunidad para que en la próxima sesión del 2 de agosto el burgomaestre y los ediles tengan la adecuada coordinación para encontrar alternativas eficientes al problema de la basura. Porque Quito no se merece que lo maltraten.