La Silla Vacía

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Buenos hábitos de padres responsables

No hay padres perfectos sino perfectibles. Como seres humanos podemos errar, y de hecho erramos. Pero nunca es tarde para realizar una autocrítica en la línea del mejoramiento y no dejar de ser lo que el mundo quiere: responsables. Para ello no hay recetas. A veces basta el sentido común y oír a la propia naturaleza.

La paternidad es un don y una responsabilidad. Pero muchos consideran una carga o un papel demasiado grande para sobrellevar. En esta ocasión caben algunas reflexiones sobre la paternidad, porque lo bueno puede convertirse en óptimo y lo malo revisarse, en aras de buscar puntos de encuentro y de mejoramiento.

• Realidades

Un primer pensamiento que puede ser útil es reconocer que la paternidad y la maternidad tienen asidero en la familia, que constituye no solo la célula social sino el espacio natural donde se forman personas. Somos, en efecto, hijos de una familia donde los padres –por presencia o ausencia- marcamos la vida de nuestros hijos; somos sus referentes. Ser padres, en este contexto, es una vocación que tiene repercusiones totales en las personas y no solamente jurídicas.

La realidad, sin embargo, refleja una crisis profunda en las familias por causas complejas, en ocasiones producidas por un fenómeno lamentablemente generalizado: el abandono. A veces es difícil entender que padres y madres que, supuestamente, trajeron hijos al mundo no bien se presentan dificultades, los dejan solos y desamparados, o cuando se producen inevitables divorcios, la gente regatea los alimentos y busca argumentos inverosímiles para no cumplir con sus obligaciones morales y legales.

Por supuesto que hay padres y madres responsables, pero un porcentaje creciente de niños y jóvenes –así dicen las estadísticas- está creciendo con altos niveles de privación afectiva, por falta de consistencia familiar o, lo que es más grave, con graves índices de violencia intrafamiliar, que tiende a replicar un círculo vicioso difícil de controlar.

• Autocrítica

¿Dónde se aprende a ser buenos padres? La respuesta obvia: la universidad de la vida. No obstante, esta ‘universidad’ no necesariamente prepara padres eficaces, amorosos y responsables.

Los atavismos se mantienen y se repiten amplificados ahora por ciertos medios de comunicación social, especialmente la televisión, que trasmiten arquetipos vacíos de contenidos y valores, y donde bajo el supuesto de ofertar diversión y espectáculo inculcan la infidelidad, la agresión y crímenes atroces, en nombre de la libertad de expresión. Es necesario, por tanto, revisar qué hacen y no hacen los buenos padres para intentar una autocrítica constructiva.

• Siete hábitos

Augusto Cury, en la obra ‘Padres brillantes, maestros fascinantes’ (Planeta), ofrece algunas pistas interesantes. Plantea siete hábitos, sobre la base de un principio rector: ‘Los hijos –dice el autor- no necesitan padres extraordinarios, sino seres humanos que hablen su lenguaje y sean capaces de penetrar su corazón’.

1. ‘Los buenos padres dan regalos. Los padres eficaces ofrecen su propio ser’.

2. ‘Los buenos padres nutren el cuerpo. Los padres eficaces nutren la personalidad’.

3. ‘Los buenos padres corrigen los errores. Los padres eficaces enseñan a pensar’.

4. ‘Los buenos padres preparan a sus hijos para los aplausos. Los padres eficaces preparan a sus hijos para los fracasos’.

5. ‘Los buenos padres dialogan. Los padres eficaces dialogan como amigos’.

6. ‘Los buenos padres dan información. Los padres eficaces cuentan historias’.

7. ‘Los buenos padres dan oportunidades. Los padres eficientes nunca desisten’.

• Para los futuros papás

¿Cuál es la familia de sus sueños? La familia que quiere formar no es perfecta. No tiene ni tendrá padres infalibles ni hijos que causen frustraciones. Sus hijos serán lo que respiren y aprendan dentro del hogar. No serán copias de usted o clones. Para ello usted tiene que dar, en primer lugar, ejemplo. Y el paso inicial es tener la capacidad de decir ‘te amo’, ‘te quiero’, ‘lo siento’, ‘eres muy importante para mí’.

Finalmente, es necesario recordar –según Augusto Cury- que ‘en la verdadera familia no hay dioses ni héroes sino amigos. La familia de sus sueños es festiva. Un lugar sencillo donde hay gente feliz’.

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