Frenar la violencia, el gran reto del nuevo gobierno

La violencia por la que atraviesa el país debiera tener suprema importancia en la agenda de quienes el domingo 11 ganaron las elecciones presidenciales. Resulta que poderosas redes mafiosas provocan zozobra y sus violentos ataques no han parado.

Manejan complejas redes de colaboradores que tuvieron la capacidad de desatar la peor masacre que el Ecuador haya visto en su historia reciente: asesinaron a 79 presos en un solo día.

Son grupos identificados con los temibles carteles mexicanos, como el Jalisco Nueva Generación y el de Sinaloa, del otrora poderoso ‘El Chapo’ Guzmán.

Sus prácticas son similares: degollar, mutilar cuerpos, abandonarlos en las vías. Atacan a familias enteras, incursionan en fiestas infantiles y acribillan.

A ese nivel han llegado. Desde el interior de las penitenciarías manejan a sus emisarios, para que mantengan el control de los corredores clandestinos que les permita sacar la droga para sus aliados en el exterior y en ese intento no han dudado en asesinar a sus enemigos.

Las cifras inquietan: en dos meses de este año, Ecuador reporta 338 crímenes. 109 más que en ese lapso del 2020.

Guayaquil es la ciudad más afectada. Los narcos se han declarado en ‘guerra’. Intentan controlar territorios para trasladar y vender narcóticos. Han marcado espacios. No quieren perderlos. En Quito comienza a verse algo similar. Por ahí hay que trabajar. La tarea es dura.

Los planes del nuevo Presidente quizá no alcancen. Seis líneas se dedican a cómo enfrentar al crimen organizado.

Está bien que se plantee una coordinación con las Policías de las naciones vecinas, pero no es nuevo. Ya se ejecuta.

¿Solicitar visa y pasado judicial a los visitantes de los países con mayor incidencia de problemas de seguridad interna? Los emisarios no necesariamente ingresan por vías legales. Lo hacen por pasos clandestinos. Las avionetas ilegales son un ejemplo: cuatro casos en tres meses. ¡Preocupante!

La mayoría de estas tiene nexos con los mercados irregulares de México.

Los colaboradores de los carteles que operan en esa nación están en la frontera colombiana y agitan territorio ecuatoriano. Por allí intentan trasladar cargamentos con alcaloides. En la línea limítrofe se han hallado laboratorios, una pista, una avioneta y matas de coca.

Las plantaciones son mínimas. Es verdad. Pero la actividad del crimen organizado se intensifica. La pandemia hizo que en el 2020 se frenen sus actividades, pero este año intentan recuperar su poderío en la venta de las drogas.

No hay que perder de vista al autodenominado grupo Comandos de la Frontera que nació en Colombia, pero se ha extendido a Sucumbíos. Los servicios de Inteligencia militar saben que los armados se infiltraron y prepararon los campos que sirven para entrenamiento, descanso, abastecimiento, almacenamiento de víveres y armas. También los usan para armar la logística que les permitiera ejecutar sus operaciones.

Los soldados intensificaron los operativos en el cordón fronterizo. Está bien, pero el trabajo no es solamente de ellos, sino de todo el Estado. Hay que actuar.