Lo que otros callan por temor o timidez, aquí se lo dice sin anestesia. Es comentarista de fútbol de EL COMERCIO.
Alejandro Ribadeneira
Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Central. Es periodista desde 1994. Colabora con el Grupo El Comercio desde el 2000 y se ha desempeñado en diversos puestos desde entonces. Actualmente ocupa el cargo de Editor Vida Privada.

Hipocresía en el caso del piso 17 de la Tricolor

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Martes 13 de agosto 2019

Ya se sabía que la Copa América de este año era potencialmente peligrosa para la Tricolor, pero los efectos han sido más devastadores de lo que se hubiera calculado.

La salida del ‘Bolillo’ Gómez y el acuerdo de una indemnización (deuda incluida) estaban dentro del margen de lo probable, pero que dirigentes y jugadores se hayan metido en un relajo más intenso que los de Caso Cerrado por los sucesos del piso 17 ha puesto en entredicho la capacidad de la Ecuafútbol para gestionar las crisis.

El gran error fue no dar nombres y apellidos de los involucrados, no detallar qué mismo pasó y anunciar una sanción impactante: la de no convocar nunca más a los jugadores del piso 17.

Por lo visto en videos de seguridad del hotel (los que se han filtrado) y en declaraciones de los jugadores, parece que no estamos ante una infracción para semejante castigo. Hay un error de los jugadores, eso sí, porque de todos modos han tomado cerveza y tequila en un hotel pagado por la Conmebol y algunos lucen la vestimenta oficial del equipo. Había que castigarlo de alguna forma.

Luis Antonio Valencia, durante una jugada del partido  ante Uruguay, del 16 de junio. Ecuador cayó goleado 4-0. Foto: AFP

Luis Antonio Valencia, durante una jugada del partido ante Uruguay, del 16 de junio. Ecuador cayó goleado 4-0. Foto: AFP

Otra cosa es, no obstante, que la Ecuafútbol haya mantenido un hermetismo sobre los autores, pues la falta de información genera rumores, y el rumor destruye a culpables pero sobre todo a inocentes. Ha provocado que muchos jugadores hayan sido señalados injustamente. Pero también ha generado una ola de hipocresía y moralismo, la cual ha sido usada por los enemigos de Liga de Quito.

Todo porque a alguien en la Ecuafútbol se le ocurrió anunciar un castigo ejemplar pero tapando nombres y negando, que es muy grave, el derecho a la defensa que todo jugador merece en una entidad democrática como la Ecuafútbol. Si la fiesta era tan grave, si la farra fue tan buena, pues había que abrir un proceso, sancionar, esperar la apelación y cerrarlo como se debe.

Lo curioso es que un argumento para no revelar los nombres era evitar que la atención se enfocara en asuntos menos importantes. Resultado: el tema sigue en expansión, al punto que ya es el escándalo del año en nuestro fútbol. Bravo.